Tras despedirme de Petita Ayarza, directora de salud del MIDES (Ministerio de Desarrollo) de la comarca de Kuna Yala, acudí al puesto de policía para reportar mi llegada a Puerto Obaldía. Un trámite obligatorio en estos mundos de Dios en los que la civilización queda muy alejada y donde ésta es la única manera de llevar un control del tránsito de personas. Los agentes fueron muy amables. Como ha venido sucediendo a lo largo de mi viaje, el tema del fútbol es perfecto para iniciar una conversación con un desconocido, sobre todo si es aduanero o policía. Mis amigos saben que yo no soy muy futbolero. Claro que quiero que gane Osasuna, el equipo de mi tierra, que cuando juega la selección española deseo que gane puntos en sus partidos pero no me va la vida en ello. Aún y todo, uno actúa como si fuera un fanático del fútbol y se mete de lleno en una conversación sobre el Barça, el Madrid o si Messi es el nuevo Maradona.
Después de actuar como periodista deportivo me dirigí a la oficina de migración pero estaba cerrada. Al parecer el tipo-funcionario-güebón se había ido a desayunar así que fuí a buscarlo a un bar aledaño. El señor al vernos esperar no creáis que se dio mucha prisa. Siguió tomando su desayuno, conversó con los parroquianos y cuando le salió de la entrepierna regresó a su puesto de trabajo. Paco se subía por las paredes mientras nosotros nos armábamos de paciencia. Hecho el trámite acudimos al embarcadero para buscar una lancha que viajase a Capurganá, la primera población colombiana. No era sencillo ese día porque era víspera de carnaval aunque finalmente logramos subirnos a una por 40 dólares los tres. El trayecto entre ambas poblaciones no dura más de 30 minutos y se navega paralelo a una costa escarpada llena de acantilados. El viaje fue un tanto espeluznante. El mar estaba muy agitado, debíamos pasar entre dos rocas y el acantilado y por un momento casi volcamos. Afortunadamente pasamos aquel pasaje infernal y nos adentramos con la diminuta embarcación en la bahía de Capurganá.
Capurganá
La selva húmeda tropical del Tapón de Darién, único lugar en el que se interrumpe la carretera panamericana, da paso a una franja de arena blanca, aguas prístinas e imponentes acantilados bañados por las aguas azul aguamarina y verde esmeralda del mar Caribe. Me encuentro al norte del Golfo de Urabá, lugar en el que el río Atrato vierte su contenido al mar. El nombre de este pueblecito encantador es Capurganá, aldea chocoana con alma antioqueña donde no faltan hoteles de lujo ni tampoco encantos naturales que visitar. Da la sensación de que es un lugar reservado para pocos turistas puesto que en su calle principal llamada El Comercio no hay casi bullicio ni vendedores ambulantes. Tan sólo cuando el sol se oculta en el horizonte comienza a escucharse el fandango de los pobladores al lado de los almacenes de artesanías y en los bares martillea sin descanso el odioso reggaeton. Esta callecita desemboca en el muelle donde encontramos un alojamiento por 20.000 pesos (10 dólares para tres), todo un descubrimiento teniendo en cuenta que apenas nos quedaba dinero ya que desde Colón (Panamá) no hay un solo cajero automático. Muy recomendable si vas a hacer este tipo de ruta llevar suficiente dinero en efectivo.
Desde Capurganá salen habitualmente lanchas rápidas por unos 65.000 pesos (32US$) en dirección a Turbo, puerto con mucho movimiento comercial donde ya puedes enlazar por vía terrestre con autobuses y 4x4 hacia diversos lugares del país. Tras dos horas de trayecto sobre una panga que iba a toda mecha y no dejaba de dar pantocazos -definición de Perez Reverte en "La Reina del Sur" para referirse a los golpes de la embarcación contra el mar al navegar a toda velocidad-. Recomiendo para los iniciados no sentarse en la parte de adelante puesto que ahí el impacto es mayor. Tristemente nos dimos cuenta poco después de comenzar el viaje hacia Turbo por qué la gente se peleaba por un asiento en la parte posterior.
SUS CADERAS NO MIENTEN
"Hay que verlo, vivirlo, bailarlo y gozarlo", reza el slogan del Carnaval de Barranquilla, considerado el mejor carnaval de Colombia y uno de los más vistosos de Sudamérica con permiso de los brasileños, maestros en estas lides. Ciudad natal de la cantante Shakira, la belleza de sus paisanas no deja lugar a dudas viendo la fotografía de Daniela Donado, Reina del Carnaval 2007. Sin duda alguna son las colombianas las mujeres más guapas de todo el continente americano y el movimiento de sus caderas no hace sino ratificarlo todavía aún más. Colombia lamentablemente es conocida en el exterior por la guerrilla y el narcotráfico pero no por la increible amabilidad y hospitalidad de sus gentes. Si tuviera que hacer un ranking de países sobre este tema, Colombia obtendría de momento el puesto número 1 y Nicaragua el segundo. Llegamos a Barranquilla después de más de 16 horas de duro viaje. La primera parte en lancha de Capurganá a Turbo rompiéndonos la espalda. De ahí enlatados 9 en un 4x4 de 6 plazas hasta Montería donde enlazamos con un autobús del Expreso de Brasilia cuyo conductor nos quiso poner en ambiente con salsa, cumbia y reggaeton a todo volumen.
Cuando estás viajando tanto tiempo seguido pierdes la noción del día, el mes, la hora y casi de hasta quien eras antes de empezar tu aventura. Después de nuestro periplo por la comarca Kuna Yala teníamos la excusa para no haber reservado ningún alojamiento a sabiendas de que en carnaval todos los hoteles se llenan. Desde la estación de buses Iván, Paco y yo tomamos un taxi exclamando: "Por favor, llévenos a un lugar céntrico y barato". "Milagros los justos", responde el conductor. Nos alojamos en el Hotel El Diamante por 12US$ cada uno. Ducha, cambio de ropa y a quemar la noche barranquillera. El ambiente era genial, la gente ebria, el alcohol corría a raudales, las copas baratas y pocos turistas a la vista. Si os pasáis a ver la galería de fotos os podéis cerciorar de que mi instinto de cámara impulsivo quedo limitado por la fiesta y el alcohol. De ahí que haya tan pocas instantáneas. Como anécdota cómica contaros que en uno de los bares me preguntaron si era israelí, por eso de las barbas que calzo. Sí, sé que me las tengo que afeitar, pero es una apuesta personal. No Ushuaia, no tijeras.
El Carnaval de Barranquilla comienza un sábado con la Batalla de las Flores y la presentación de la Reina, el Rey Momo y Joselito Carnaval, que será enterrado el 4 de marzo. Durante el primer día los palcos se sitúan a lo largo del Cumbiódromo por donde desfilan carrozas y más de 140 comparsas alusivas a la Batalla de las Flores. Los barranquilleros se disfrazan con trajes tradicionales y alegóricos a personajes del momento como las marimondas -encapuchados con larguísimas narices-, las gigantonas que bailan en zancos; los enanos cabezones enormes caretas de Shakira y el clásico Cantinflas. Esta batalla carnavalesca se origina a principios de siglo cuando el país vivía la guerra de los Mil Días. En solidaridad con sus compatriotas, el alcalde de la época decretó la suspensión del Carnaval. Entre 1900 y 1902 no hubo celebraciones hasta que firmada la paz el alcalde autorizó el retorno a los festejos. Fue entonces cuando el general Heriberto Bengoechea dijo: "Vamos a hacerle un homenaje a la paz, cambiemos lo que estábamos viviendo, que era una batalla de plomo, por una batalla... pero de flores".
Al día siguiente, domingo de Carnaval, se realiza el Desfile de la Gran parada, protagonizado por las populares danzas del Torito, la del Garabato, la de las pilanderas y la cumbia, baile en el cual se fusionan elementos indígenas.
Agrupación Garabato del Norte. Vía 40
Por la noche acudimos a uno de los eventos nocturnos más importantes: El Festival de Orquestas. La sorpresa fue encontrarme sobre el escenario a Elvis Crespo, ese cantante que hace unos años hizo famoso esa canción que dice: "Suavementeeeeee, bésameeeeee, que quiero sentir tus labios besándome otra vez". Tomamos cerveza Águila en cantidades industriales y bailamos lo que pudimos con movimientos robóticos estilo gringo, si los comparamos con los suaves contoneos de los locales. En este festival las orquestas compiten por El Congo de Oro, premio a la calidad y esfuerzo musical por el que concursan las categorías de Lo Nuestro, Música Tropical, Salsa y Merengue, y Vallenato. Cada año artistas como Sergio Vargas, Oscar De León, Joe Arroyo y Juan Carlos Coronel participan por tradición pero no concursan.
Festival de Orquestas
Durante el resto de días se suceden desfiles en diferentes carreras de la ciudad hasta que llega el momento de echar el telón a una fiesta de 4 días de actividad frenética. En el Barrio Abajo, rodeada por sus príncipes y multitud de carnavaleros, la Reina vestida de negro, llora y despide a Joselito Carnaval.
CARTAGENA DE INDIAS
El cuerpo de uno ya no aguanta tanto como en mis años de mozo. Dos noches seguidas de faranduleo me dejaron literalmente echo polvo. Así que me tuve que arrastrar en taxi hasta la terminal de buses para tomar uno en dirección hacia Cartagena. Iván, compañero inseparable de aventuras y maestro en el arte del regateo, consiguió bajar el precio del billete por debajo de lo habitual. Pagamos menos que los propios colombianos. La ciudad de Cartagena de Indias es realmente preciosa. Declarada Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Humanidad en 1985 por la UNESCO -¡hay tantos ya que no sé si le queda a estas alturas algún lugar emblemático a este organismo por ponerle este apelativo!-, es escenario de la historia tanto del viejo como del nuevo mundo desde hace 460 años. Su fundador, Pedro de Heredia, llamó a este lugar Cartagena del Poniente para diferenciarla de la existente Cartagena en el levante español.
La ventaja de ser puerto y bahía protegida de vientos y brisas la convirtieron, para su gloria y desgracia, en el fortín donde se guardaban los tesoros de América para ser enviados a Europa. Razón por la cual los conquistadores españoles construyeron alrededor de ella más de 19 kilómetros de murallas que resistieron asedios constantes de piratas y corsarios así como de países con poderío militar como Inglaterra, Italia y Francia. Os recomiendo que busquéis información acerca del asedio que sufrió la ciudad por parte del temible pirata Sir Francis Drake y la estóica defensa del Comandante General Don Blas de Lezo. Nos alojamos en pleno centro de la ciudad a escasas manzanas de la catedral en el Hotel Plaza Center. Con la resaca del carnaval todavía haciendo mella dedicamos esos días a pasear por sus calles plagadas de edificios coloniales, universitarios y lugares de interés turístico como la Plaza de los Coches.
Plaza de los Coches
No muy lejos de allí se alza imponente el majestuoso Castillo de San Felipe de Barajas, la Iglesia de San Pedro Claver, el Parque del Centenario, el Muelle de los Pegasos o la Puerta del Reloj que véis en imagen y que en tiempos coloniales servía como acceso principal para la ciudad. Curiosidades de la tecnología y el mundo globalizado, en una de nuestras noches post-resaca vimos el show de Buenafuente gracias a la televisión por cable que teníamos en el cuarto. Recuperar una pequeña porción de tu país a través de la tele reconforta de alguna manera. Merece la pena destacar una pequeña aventura el último día antes de irnos hacia Medellín. Salimos con todas nuestras maletas -la mayoría mías- en taxi hacia la terminal de buses. Una vez allí, media hora más tarde de haber llegado, me di cuenta de que no tenía mi sombrero de rutero panamericano que con todo cariño me hizo Edelweiss antes de salir de viaje. Volver hasta el hostal suponía cerca de 45 minutos en taxi y otros tantos de vuelta. Decidí regresar arriesgándome a perder el bus. Y casi lo perdí porque cuando regresábamos había un atascazo imposible. Llegar, llegué tarde, pero conté con la ayuda de Iván y Paco que le comieron la cabeza al conductor para que me esperase. Sí, subimos al bus y dejamos atrás una ciudad bella que no olvidaré facilmente.
Próximo destino en la ruta panamericana: Medellín.
En mi anterior crónica os contaba las diferentes opciones que hay para viajar por tierra/mar de Panamá a Colombia. Visto que no teníamos opción de viajar en la avioneta que fleta tres veces por semana Aeroperlas hacia Puerto Obaldía, decidimos lanzarnos a la aventura. El propósito era recorrer por mar desde Colón lo más de 300 kilómetros que separan esta ciudad de la frontera con Colombia. Dejamos el Hotel Marparaíso en Ciudad de Panamá para ir en taxi a la Terminal Nacional de Transporte y tomar un autobús hacia Colón, puerto principal al norte del país situado a orillas del Mar Caribe con una zona libre gigantesca -la segunda más grande del mundo- en la que se pueden encontrar todo tipo de artículos libres de impuestos. Esta ciudad no tiene muy buena fama en lo que a seguridad se refiere.
Caminamos con todas nuestras maletas hasta el Muelle 6 donde preguntamos si había algún barco o yate que se dirigiera hacia Colombia. La respuesta fue negativa. "Probad en el muelle fiscal a ver si allí hay alguno", nos comenta el vigilante de la garita de acceso. Dicho embarcadero supuestamente quedaba no muy lejos de allí, como a unas 6 cuadras. De camino hacia el muelle preguntamos cual era la dirección que debíamos tomar. Un señor nos avisó: "Está cerca pero os recomiendo que toméis un taxi, esta zona es muy peligrosa". Continuando con la sed de aventuras y riesgo al estilo del presentador Steve Irwin, Paco e Iván decidieron que estaba muy cerca y no pasaba nada. El hecho de que os esté contando esta historia ahora evidencia que la suerte estuvo de nuestro lado. La verdad es que el barrio era muy chungo.
MIRANDO AL MAR SOÑÉ
A sólo hora y media por carretera desde Portobelo, pasando por aisladas poblaciones con nombres como Nombre de Dios, Viento Frío o Palenque se llega al embarcadero del pueblo de Miramar. Básicamente estos pueblos viven de la pesca y años atrás se dedicaban a la cosecha de coco. Hoy en cambio, los lugareños se quejan de que esta fruta ya no se produce tanto y los pescadores se dedican, además de a su labor tradicional, a transportar mercancías secas de Miramar hasta las islas de San Blas.
Este pueblecito de la provincia de Colón es un lugar aislado perfecto para perderse en el mundo y que nadie te encuentre. Para llegar hasta allí hay que tomar un colectivo en el que seguramente vayas apiñado que sale de la terminal de buses por unos pocos dólares. El camino discurre paralelo a la costa en muchos momentos y las vistas no tienen desperdicio.
Miramar iluminado por el sol del atardecer
Lo más destacado de nuestra corta estancia -un día- en Miramar es haber conocido a Antonia de Granda, colombiana de orígen, conocida en este pueblecito como La Chalanera, quien nos brindó una hospitalidad encomiable. Dueña del restaurante del mismo nombre que regenta frente al minúsculo embarcadero del pueblo, se desvivió para ayudarnos a encontrar un cayuco que nos llevase a algún punto incierto del Archipiélago de San Blas. Comimos y cenamos buenos alimentos, jugamos con un niño del pueblo a los equipos de fútbol, recibimos nuestras primeras clases del dialecto kuna e hicimos grandes esfuerzos para entendernos con la dueña mediosorda del cuartucho en el que dormimos -dos en una cama y Paco en el suelo-. Para un turista occidental acostumbrado a los tiempos cuasi exactos, no saber cuando vas a poder continuar tu viaje suele ser desesperante. No nos quedaba más remedio que encomendarnos al destino y esperar.
Espera incierta
La opción del yate que había llegado al embarcadero la descartamos porque iba en dirección contraria a nuestro destino. En el muelle estaba amarrado un barco colombiano cuyo destino final era Cartagena pero no tenía los papeles de zarpe en regla y se iba a demorar al menos una semana con los carnavales de por medio. Nuestra única opción era subirnos a un cayuco de los indios kuna que vienen desde el Archipiélago de San Blas a Miramar al menos un par de veces por semana para comprar provisiones (refrescos, alimentos variados...). Por 6 dólares cada uno -previa mediación de La Chalanera- nos subimos al pequeño bote de madera capitaneado por Anibal Melo, una especie de Torrente de baja estatura y rasgos indígenas. Por delante nos esperaba una travesía de 4 horas hasta Isla Máquina, hogar de Anibal y sus dos compañeros.
Cayuco kuna
KUNA YALA, UN MUNDO APARTE El archipiélago de San Blas fue declarado en el año 1938 territorio indígena autónomo Kuna Yala. De las 365 islas que conforman el archipiélago de San Blas -una para cada día del año-, solo una décima parte esta habitada. El resto son islas naturales que puedes explorar y disfrutar por tu cuenta. A pesar de ser uno de los destinos de eco-turismo más populares dentro de la región de Centroamérica y el Caribe, todavía la zona se conserva virgen y bien conservada del turismo voraz. En la comarca Kuna puedes jugar a ser Robinson Crusoe y pernoctar en una isla solitaria de menos de 20 metros de diámetro o visitar una de sus comunidades y comprar las “molas”, una especie de piezas de tela de motivos coloridos hechas a mano con las que las mujeres kuna confeccionan sus blusas. Las molas frecuentemente describen eventos de la vida kuna, de la vida salvaje de los alrededores o imágenes de libros y revistas que dejan los visitantes a su paso.
Más de 250 kilómetros hay que navegar por mar desde nuestro punto de partida a la frontera colombiana. En las primeras 4 horas no habíamos recorrido ni una décima parte de nuestro itinerario y yo, muy asiduo a marearme, logré contener las ganas con concetración y la vista fija en el horizonte. Casi tres horas después de navegación a paso de burro -el motor no superaba los 8 caballos- llegamos a El Porvenir, paradisíaco puesto de policía en el que debíamos presentar nuestros pasaportes. Mientras uno de ellos revisaba la documentación el otro hacía snorkel en la orilla. ¡Qué vida más tranquila! Y...aburrida. Hechos los trámites continuamos viaje por mar hasta Isla Máquina. La idea inicial era dormir en Río Sidra, isla colindante al hogar de Anibal, pero finalmente nos ofreció quedarnos allí por un módico precio y llevarnos al día siguiente hasta Narganá-Corazón de Jesús, dos islas conectadas por un puente decrépito y el único lugar en el que hay banco en toda la comarca Kuna Yala.
Vivir unas pocas horas en una isla kuna siendo uno mismo la atracción turística no tiene precio. Los niños se apelotonaban a mi alrededor locos de histeria al ver mi cámara de video y verse reflejados en la pantalla. Conversamos con el pastor evangélico de la isla, asistimos a la ceremonia religiosa llamada saila que celebran diariamente en su cabaña de actos, paseamos entre las cabañas que ocupan cada centímetro de tierra de esta minúscula isla, dormimos en hamacas acompañados por un Anibal vigilante y terminé -y mira que soy tímido- tocando la guitarra en el muelle rodeado de niños y con un cielo de estrellas como telón de fondo. Momento registrado en la caja negra del ventrículo izquierdo difícil de ser removido del alma.
No hay duda de que esta parte del viaje ha sido la aventura más excitante de todo lo que llevo de ruta panamericana. Pero... esto no había hecho nada más que empezar. Una vez arribamos temprano a Narganá intentamos sacar dinero en el banco pero no tenía cajero automático. Nuestras reservas monetarias eran demasiado justas y el gasto incierto. A pesar de intentar que me dieran un cash advance (avance de efectivo presentando mi pasaporte y la tarjeta) el señor del banco me mandó de manera cortés a freir espárragos. Preguntamos a todo hijo de vecino si alguien se dirigía hacia Puerto Obaldía en lancha pero las respuestas eran silencio -parece como si lo que dices les llega al cerebro pero traducido al chino-, indiferencia o... expresiones del tipo "puede que llegue alguna, puede que no". Muy gallego. Después de indagar encontramos a un chileno que tenía una lancha bimotor que nos llevaba por 600 dólares. Le mandamos a freir los espárragos que me había encargado el banco director del banco. El horizonte se tornaba negro así que nos espatarramos bajo los porches de la plaza de Corazón de Jesús a ver correr los minutos a velocidad de caracol.
Una hora más tarde una luz iluminó nuestro camino. Existía la remota posibilidad de que una avioneta roja llegase ese mismo día a la pista de aterrizaje y nos pudiese llevar a un lugar desconocido del Archipiélago de San Blas. Lo perentorio era seguir avanzando. Y... sí, llegó la avioneta. Y aceptó llevarnos por 25 dólares cada. Y nos metimos dentro sentados sobre nuestras propias maletas, sobre una bolsa llena de pollos deshuesados, sobre cajas y artefactos... Y despegamos hacia Mansukún, un poblado kuna a 100 kilómetros de Narganá. De esta manera avanzaríamos de un plumazo 2/4 más de trayecto, restándonos tan sólo uno. El despegue tipo Indiana Jones bandeando de un lado a otro prometía sumar puntos a nuestra aventura Kuna. Más aún si tenemos en cuenta que ambas puertas de la avioneta no cerraban. "Tranquilo, cuando estemos en altura la presión del aire sujeta las puertas", nos decía el piloto mientras yo miraba como la tierra se iba haciendo poco a poco más diminuta e imaginaba una muerte cayendo a velocidad de vértigo.
Sobrevolando el Archipiélago de San Blas
A medio camino mientras sobrevolábamos el archipiélago paralelos a la costa admirando una vista panorámica impresionante, el piloto viró hacia la derecha, trazó un círculo perfecto y enfiló en picado el descenso hacia una "pista de aterrizaje" que apareció en medio de la selva y terminaba su rastro junto al mar. Una vez tomamos tierra me percaté que junto a ella esperaba un grupo de indígenas kuna con unos sacos de arpilla blanca cargados con una mercancía que desconocía. Resultaron ser decenas de langostas, centollos y pulpos que los kuna habían pescado durante esa jornada e iban a vender al aeropescatero. Como en cualquier lonja de pescado, el comprador de mercancía en este caso, sacó una balanza, la colgó de una de las alas del avión y procedió a seleccionar los mariscos de mejor calidad para llevarlos porsteriormente a los mejores restaurantes de Ciudad de Panamá. Hecha la transacción comercial, volvimos a despegar in extremis antes de dar con nuestros huesos en el mar llevando nuestros preciados testículos de corbata.
Sin pestillo y a lo loco
Quince minutos después volvíamos a tomar tierra en una pista olvidada de estos mundos de Dios cercana a la aldea de Mansukún. El piloto no avanzaba más en dirección hacia Puerto Obaldía. Intentamos convencerle, persuadirle, embaucarle e incluso comprarle con el poco dinero que nos quedaba pero el esfuerzo fue en vano.
MANSUKÚN, DESTINO INCIERTO
Los indios kunas habitan solamente 51 de las islas del archipiélago, pero las otras, aunque están deshabitadas, tienen un cuidador para vigilar las plantaciones de coco. Ninguna de las islas tiene dueño aunque sí dichas plantaciones, uno de los principales recursos para la subsistencia kuna. La comunidad kuna se rige por su propio jefe o saila, quienes se encargan de solucionar cualquier diferencia que pueda surgir entre los pobladores. Entre ellos eligen un intendente, que actúa como gobernador y sirve como contacto entre el gobierno panameño y la tribu.
En la pista de aterrizaje esperaban de nuevo una pareja de kunas para vender mariscos y recibir unos paquetes con mercancía y alimentos. Ellos nos llevaron desde allí hasta su poblado en un cayuco inestable. Éramos de nuevo la atracción de niños y mayores, muchos de los cuales no sabían tan siquiera hablar una palabra de español. El sentimiento de confusión y extrañeza debió de ser parecido al que debieron tener los primeros conquistadores españoles al llegar a tierras americanas. Algunas expresiones y vocablos kuna que aprendí y te pueden servir por si visitas la zona son:
1. Dule = Hombre 2. Yala = Montaña, colina, valle 3. Igui Wachi Nika = ¿Qué hora es? 4. Nega = Casa, pueblo, hábitat o patria 5. Kuna = Llanura, superficie... 6. Sualibedis = Guardianes del orden / policías locales 7. Argargana = Portavoz 8. Ua = Pescado 9. Anai = Amigo 10. Tulup = Langosta 11. Iguibenuga = ¿Cómo te llamas? 12. Su = Cangrejo 13. Noegambi = Hola 14. Iguimani = ¿Cuánto cuesta? 15. Banemalo = Hasta mañana 16. Yerbe Dailegue Yagua = Usted es bonita 17. Atchu = Perro 18. Anyirre = Por favor 19. Eye = Sí 20. Suli = No
Niños kuna de Mansukún
Los hospitalarios habitantes de Mansukún nos cedieron una especie de almacén situado junto al embarcadero para domir esa noche mientras esperábamos la llegada de algún bote que se dirigiese hacia la frontera colombiana. Para pasar el rato me entretuve un buen rato tocando la guitarra para un público atento formado por infantes y mayores. Luego tocó ejercer de animador solciocultural -por cierto, no se me da nada mal- y jugar con los niños de pueblo mediante gestos y ruidos guturales.
Niños de Mansukun
Parafraseando esa expresión un tanto burda que se refiere a la buena suerte y dice "tienes una flor en el culo", lo nuestro debía de ser un ramo completo porque la Diosa Fortuna definitivamente estaba de nuestro lado. No llevábamos ni una hora en el poblado cuando apareció una lancha en la que iba subida Petita Ayarza de Archibold, Directora Comarcal Kuna Yala del MIDES (Ministerio de Desarrollo), quien amablemente se ofreció a llevarnos a la isla de Mulatupo haciendo antes una parada de trabajo en una humilde comunidad kuna aquejada con algunos casos de malaria.
La Playa
Pensaba que ya había tenido dosis suficiente de aventura con todo lo vivido pero la adrenalina no pretendía abandonarnos tan rápido. Gracias a Petita y la extraordinaria hospitalidad de la familia que nos acogió en Mulatupo pudimos vivir muy de cerca el trato y cariño de la gente kuna. Nos invitaron a dormir en su mejor cabaña con camas mientras ellos duermen en hamacas, probamos un chocolate con maíz calentito delicioso, intercambiamos impresiones sobre los pilares de su cultura y siguiendo mi tradición de baby-sitter, aprendimos a cantar algunas canciones en kuna y español con estos niños del poblado.
Mr. López, maestro y animador
El cancionero kuna lo ampliaron con esta otra obra que incluye representación gestual.
Canciones desde Mulatupo
Al día siguiente nos despedimos de la familia y partimos rumbo hacia la última localidad panameña del departamento de Darién: Puerto Obaldía. Para poder llegar hasta allí arreglamos un precio para que nos acercaran en su potente lancha de 40 caballos esquilmando así nuestras últimas reservas monetarias. No podía creérmelo. Después de tres días de travesía por fín estábamos en tierra firme, a pocos minutos de territorio colombiano. No hay suficientes palabras para explicar cada segundo, cada emoción, cada sorpresa vivida sobre un territorio todavía virgen en muchos aspectos cargado de hospitalidad, afecto, originalidad, cultura e inocencia. Próximo destino en la ruta panamericana: Carnaval de Barranquilla (Colombia). Me despido de Centroamérica y doy la bienvenida a América del Sur.
La siguiente lista contiene los objetos y documentos que he utilizado en este viaje a través de la ruta panamericana durante algo más de 10 meses. No son todos los que están pero están todos los que son:
DOCUMENTOS
· Pasaporte biométrico con validez superior a 6 meses respecto de la fecha final del viaje · Carnet Hostelling International · Cuaderno de viaje MOLESKINE · Guías de viaje LONELY PLANET · 2 Tarjetas de crédito / débito VISA · Carnet de conducir en regla · Carnet de vacunación internacional (Fiebre Tifoidea, Fiebre Amarilla, Hepatitis A y B, Rabia, Profilaxis de la malaria) · Fotocopias de pasaporte, billetes de avión, tarjetas de crédito y seguro de viaje · Seguro de viaje MAPFRE cobertura tiempo total del viaje con ampliación de gastos sanitarios a 18000 euros.
HIGIENE PERSONAL
· Neceser higiene · Crema solar protección alta · Protector labial · Tijeritas de uñas · Máquina de afeitar · Tapones oídos · Champú y gel de ducha · Desodorante · Cepillo y pasta de dientes
El próximo 7 de abril cumpliré en algún lugar de la ruta panamericana la cantidad de 29 años. Poco a poco se acerca la despedida del patito (nº 2) y la treintena se asoma a la vuelta de la esquina. En este tipo de fechas es cuando uno más echa de menos a su familia y amigos. No hace falta que os diga que así será pero lo haré con una sonrisa en la boca porque estoy cumpliendo -valga la redundancia- un sueño que imaginé cientos de veces durante los últimos años.
Rememorando mis años de mozo, no puedo olvidar el "Cumpleaños Feliz" de Parchís que un día del año 2005 me sorprendió en una pequeña furgoneta en la que viajaba por el altiplano peruano. A falta de casualidades -¿la divina providencia me obsequiará de nuevo con esta canción?, presionaré el play de mi I-pod y me la dedicaré a mi mismo este sábado.
Como véis se devanaron muchos los sesos para escribir la letra:
Es el día en que naciste, ha sido siempre y será una dicha para todos plena de felicidad Tu fiesta de cumpleaños, la vamos a celebrar unidos a tu familia todos vamos a cantaaaaaaaaaaaaar:
Cumpleaños feliz, Cumpleaños feliz te desean tus amigos de PARCHIS Cumpleaños feliz, Cumpleaños feliz te desean tus amigos de PARCHIS
La verdad es que no entraba dentro de mis planes celebrar mi cumpleaños fuera de España pero por multitud de circunstancias así ha de ser. Lo haré en compañía de Iván (el valenciano que me acompaña desde Honduras) y Maurizio (un italiano de Torino con quien compartimos los últimos días de viaje por Bolivia). El mejor regalo que me podéis hacer es acordaros este sábado, aunque sea por un instante, de que este loco se hace un año más viejo. Y si queréis escribirme o mandarme un sms al móvil, bienvenidos serán también.
Un abrazo fuerte para todos de este viajero que os echa de menos,
Un viaje a través del continente americano de Prudhoe Bay (Alaska) a Bahía Lapataia (Ushuaia, Argentina). 32.424 kilómetros de caminos, pistas y vías asfaltadas componen la carretera panamericana.
Si estás interesado en sponsorizar el proyecto, ofrecer alojamiento o simplemente conocernos en algunos de los puntos del recorrido ponte en contacto conmigo:
Kilómetros recorridos
MAR
·Lancha/Bote/Cayuco = 570
·Barco/Ferry/Catamarán = 429