León, NICARAGUA. Km. 24984

Los que habéis leído la crónica de Utila habéis podido comprobar que pasé tres semanas en esta isla hondureña a cuerpo de rey. Mis últimos días de estancia conocí a tres argentinas (Jazmín, Ana y Laura) y dos españoles (Paco e Iván). Con ellos hice muy buenas migas y decidí continuar mi ruta panamericana en su compañía ya que seguía idéntico itinerario. Paco, catalán oriundo de Vilanova y con un parecido importante con el cantaor El Junco, inició su viaje en Nueva York, luego voló a Gudalajara (México) y siguió por tierra hasta Honduras. Por otro lado, Iván, valenciano, viajó a Guadalajara con intención de viajar en bicicleta por Centroamérica pero tres semanas después tuvo que venderla ya que tenía una lesión en la rodilla que le impedía seguir con ella.
Salimos en el primer ferry de las 6 de la mañana rumbo a La Ceiba donde tomamos -ya no me sale decir coger- un bus de la compañía Cristina con destino a Tegucigalpa. Llegamos por la tarde y decidimos ir paseando hacia el centro de la ciudad. Para regresar al hotel propuse que era mejor tomar un taxi pero estos dos locos prefirieron regresar a pie por calles desiertas en una capital precisamente nada segura. Como podéis comprobar, sigo vivito y coleando. A la mañana siguiente fuimos a la oficina de
Tica Bus, compañía que ofrece servicio de autobús cómodo desde la frontera de México hasta Ciudad de Panamá a un precio razonable aunque más caro que los buses locales. Unas horas más tarde llegábamos al puesto fronterizo de Las Manos en el que realizamos los trámites de migración sin mayor problema. Nuestro bus finalizaba su ruta en Managua, la capital de Nicaragua, sin embargo nos bajamos en el pueblecillo de San Isidro para enlazar con un
chicken bus que se dirigía hacia León. El viaje resultó ser toda una odisea sentados entre escaleras de madera, hierros, sacos de frijoles y bicicletas.
LEÓN, A RITMO DE REGGAETON
La ciudad de Santiago de los Caballeros de León, comúnmente conocida como León, tiene más de 300.000 habitantes y se encuentra situada a 70 kilómetros de Managua. Dividida por el río Chiquito que atraviesa su núcleo urbano, se respira en ella un ambiente universitario parecido al que me encontré en Morelia (México). León ha sido durante años sede intelectual del país con una universidad que se fundó en el año 1813 y que posee una de las facultades de medicina y derecho más grandes de Centroamérica.

León fue fundada en 1523 por Francisco Hernández de Córdoba, tatarabuelo de Paco -mi compañero de viaje con el que vacilamos allí ya que se llama Francisco y se apellida Hernández también- en otro emplazamiento cercano pero que tuvo que trasladarse tras la erupción del volcán Momotombo en 1610. Constantemente esta ciudad ha rivalizado en el pasado con Granada por ser la capital de Nicaragua hasta que finalmente decidieron a mediados del siglo XIX fijarla definitivamente en Managua.
Tras un viaje infernal en el
chicken bus, llegamos al mercado en el que terminaba el trayecto y tomamos un taxi por 30 córdobas cada uno -en realidad con 10 era suficiente- hacia el
Hospedaje Vía Vía. Nicaragua es un país precioso y sus gentes a mi juicio son las más amables y acogedoras que me he encontrado hasta el momento en toda la ruta panamericana. Allí habíamos quedado con Arik, un chico israelí que Paco se había encontrado varias veces entre México y Guatemala y que se unió a nuestro itinerario. La ciudad entera ha conservado la vieja arquitectura colonial con casas de un piso y techos de tejas. En una de sus calles me topé con la original
Organización de Revolucionarios Discapacitados Comandante Che Guevara. Visitamos la barroca
catedral de la Asunción de León en cuyo interior se halla la
tumba del poeta Rubén Darío, considerado príncipe de las letras castellanas. Quien no recuerda esos versos de Canción de Otoño en Primavera:
Juventud divino tesoro,
Te fuiste para no volver.
Cuando quiero llorar no lloro,
y a veces lloro sin querer.
León tiene muchas iglesias. He contado hasta 35 en un pequeño mapa que me han dado en el hostal. Nuestro paseo continuó por el centro de la ciudad hacia el
Parque Rubén Darío, pasamos por la
iglesia de La Merced, la
iglesia La Recolección cuya fachada me recordó a las iglesias barrocas mexicanas y la
Iglesia El Calvario.

Alrededor de León hay otros lugares con atractivo que no tuve tiempo de visitar como los balnearios de Poneloya, los Hervideros de San Jacinto (aguas termales situadas en la base del volcán Santa Clara), el Volcán Momotombo o el Volcán Cerro Negro. Aprovechando el ambiente universitario de la ciudad, salimos una noche de marcha a la discoteca
Don Señor, donde éramos los únicos turistas atrevidos bailando reggaeton y salsa y en la que probamos por primera vez las cervezas locales
Victoria y
Toña -deliciosas ambas- y el ron nicaragüense
Flor de Caña, uno de los mejores que he probado .y eso que no me gusta el ron- y que alguien debería exportar a España.
PELEA DE GALLOS, EL FÚTBOL NICA
En Nicaragua no es válida totalmente la expresión "domingos de fútbol". Cada fin de semana, además del tradicional juego de pelota, se celebran en todos los rincones del país una de las tradiciones más antiguas; las peleas de gallos. Actualmente se contabilizan 196 galleras en todo el territorio nacional, de las cuales 46 están ubicadas en Managua. Aprovechando nuestra estancia en León, decidimos acudir a una de ellas el domingo por la tarde. En el mismo hospedaje organizaban el viaje a la gallera "La Caponera", dirigida por el leonés Pedro Bervis con quien tuve el placer de conversar y conocer de cerca los secretos de esta tradición milenaria prohibida actualmente en muchos países, entre ellos España.
Al contrario de lo que muchos piensan, los gallos requieren de un duro entrenamiento previo a la pelea y una cuidada dieta -a veces a base de
dopping con inyecciones de vitaminas- y que tiene que controlar el gallero. Durante su entrenamiento reciben caricias, baños de sol, masajes, higiene, calentamientos especiales, ejercicio y mucho amor. Aunque a algunos esta tradición les resulte sangrienta, denigrante y opinen que a sus dueños lo único que les interesa es el dinero, los galleros llegan a entablar un grado fuerte de cariño con sus
luchadores. Cuando pierden a uno de ellos lo entierran como todo un valiente y se emocionan recordando la última pelea de sus gallos preferidos.

El día de la pelea, sus cuidadores les dan un tratamiento especial -puede que sea su último día de vida- a sus púgiles con masajes, les recortan las plumas para darles una estética propia y les brindan una alimentación rica en proteínas. La gallera tiene una pista o cancha circular en la que se celebran los combates y a su lado varias jaulas apiladas en las que los gallos bravos de raza Assel, Hatch o Kelso esperan su turno. En los torneos que se celebran hoy en día se aplica una nueva modalidad. El juego de
pico y espuela, que consiste en el uso de navajas de plástico con una longitud menor que ayuda a que la muerte de los animales sea más rápida y menos dolorosa que con las navajas tradicionales.

Los gallos españoles gozan de muy buena reputación por su bravura y garra aunque también son muy valorados los de raza cubana y asiática por los que se llega a pagar entre 200 y 10.000 dólares. Algunos galleros que se dedican profesionalmente a las peleas llegan a tener en sus corrales hasta 100 gallos. Los gallos llegados a América Latina tienen origen español y los gallos norteamericanos origen inglés o irlandés. Todas las razas han recibido el nombre de sus criadores y se han mejorado con el paso de los años según el tipo de lucha que se practica en cada páis.

Dice el dicho que "allí donde fueres, haz lo que vieres", así que nos mimetizamos en el ambiente y participamos en las apuestas que llegan a alcanzar a veces en galleras corrientes hasta diez mil córdobas (500 dólares). Gané en una pelea, perdí dos y una terminó en tablas. Toda pelea va necesariamente acompañada de deliciosas empanadas y suculencias nicaragüenses, litros de cerveza, ron y aguardiente. Principalmente son todo hombres los que apuestan y participan en las peleas terminando a altas horas de la madrugada borrachos como ratas. Algunos con un buen fajo de billetes y otros regresarán a casa con los bolsillos vacíos. El papel de la mujer queda relegado exclusivamente a las labores de la cocina.

Antes de comenzar el combate, se amarran un par de espuelas filosas a las patas de los gallos que se van a enfrentar. A continuación, se llevan al juez de armadero para que revise si las espuelas poseen la misma longitud y las patas y plumas del gallo no están contaminadas. Las peleas de gallos se celebran en Nicaragua desde el período de la Colonia. La pasión por esta tradición en el país llega hasta tal punto que se edita una revista especializada llamada
Gente de Gallos y periódicamente se celebran competiciones internacionales en las que participan galleros de países como Costa Rica, México, Estados Unidos, Perú, Guatemala, Honduras o Puerto Rico.
Una vez que los gallos son revisados por el juez, comienza la pelea entre los gritos exaltados de los asistentes. El asalto dura 15 minutos como máximo, hasta que uno de los dos gallos muera o ponga el pecho y el pico en el suelo. El gallo que quede en pie resulta el ganador aunque si ambos quedan en perfecto estado, la pelea termina en tablas y el dinero de las apuestas se devuelve a los apostadores.
En la gallera se diluyen todas las barreras sociales. Se palpa mayor entendimiento y cercanía entre los nicas en una gallera que en foros institucionales como el Parlamento. En ella se disuelven las clases sociales, las afiliaciones políticas y lo único que importa es la competición.
“Los gallos nacieron para pelear y para morir. Si no separás a un gallo a determinada edad se matan entre hijos y padres, entre hermanos y tíos”, afirma Mario Tapia en un artículo del diario La Prensa.
“En las galleras encontrás a varios contras, decenas de sandinistas, somocistas, conservadores, gente que no es nada y comen en la misma mesa, y no hablan de política. Incluso, gente adinerada que comen al lado de un pobre, con su cuidador de gallo, el que se llena de cuita todos los días entrenándole su gallo”, concluye.
La emoción más grande de un gallero definitivamente es que gane su gallo. En las peleas no sólo se juegan la vida los gallos, también va en ello el orgullo del gallero como castador. Alrededor de este juego se ha desarrollado todo un negocio en el que participa mucha gente: entrenadores, afiladores de navajas, cuidadores, productores de comida especial para gallos...
Hay una desagradable sensación que me remueve desde hace semanas. Por un lado he de decir que los nicas son la gente que más me ha encantado por su cordialidad y amabilidad en todo Centroamérica, a pesar de que viven en el segundo país más pobre del continente americano -el primero es Haití- y soportan una grave crisis económica, una situación política muy inestable o casos continuos de corrupción. Por otro lado, no deja de impactarme la falta general de sentido ecológico que ha convertido a muchas partes del país en un basurero. Es muy habitual ver en Centroamérica a gente tirando desperdicios por la ventanilla de los autobuses. Así las cunetas de las carreteras terminan siendo grandes vertederos de basuras. Mañana me voy hacia Granada, la ciudad que tanto ha rivalizado con León durante décadas y que me espera a orillas del fastuoso Lago de Nicaragua. Veremos que pasa.
Próximo destino: Granada y la Isla de Ometepe.
Fotos LEÓNFuente: Diario La Prensa
Utila (Islas de la Bahía), HONDURAS. Km. 23988
Marley & CheEl viernes 29 de diciembre salí a las 5 de la madrugada de Copán Ruinas en el autobús que opera
Hedman Alas rumbo al puerto de La Ceiba. El trayecto duró algo más de 8 horas incluyendo una parada en la peligrosa ciudad de San Pedro Sula. Una vez en La Ceiba es necesario coger un taxi para llegar al puerto (no pagar más de 50 lps si vas solo o 30 en caso de compartirlo) desde donde salen los ferrys hacia las Islas de la Bahía: Utila, Roatán y Guanaja. La forma más económica de llegar a Utila es tomar uno de ellos. Del puerto de La Ceiba salen diariamente dos compañías: Galaxy II (generalmente con destino a Roatán) y Utila Princess que cubre el trayecto hacia la más pequeña de las Islas de la Bahía. El viaje duró aproximadamente una hora y el billete costaba 300 lempiras. Fue una experiencia infernal debido al vaivén provocado por el mar agitado que terminó por hacer vomitar a medio pasaje incluido un servidor. Uno piensa en el Caribe como un remanso de calma pero a veces le gusta hacer de las suyas. A parte de eso, decidí salir fuera de la cabina para respirar aire y llegué a Utila completamente empapado y con el mareo todavía sacudiendo mi cerebro.

Para aquellos que prefieran evitar el agitado mar que habitualmente y tengan unos dólares extra en el bolsillo se puede llegar también a la isla en avión con Sosa Airlines y Atlantic Airlines. Desembarqué, recogí mi equipaje y fui en busca de Oier, pamplonica como yo y monitor de buceo en Utila que César, el chico con el que visité en Guatemala las ruinas de Tikal, me había recomendado. En su lugar estaba esperando en el muelle Santiago (alias Taito), instructor de buceo oriundo de Cataluña con el que días después me sacaría el certificado de buceo hasta 18 metros.
Esta diminuta isla tropical, perteneciente a las hondureñas Islas de la Bahía, está ubicada en el Mar Caribe a unos 29 kilómetros del puerto de La Ceiba. Tiene 11 kilómetros de largo, 4 de ancho y se encuentra rodeada de gran cantidad de arrecife y vida marina. Entre viajeros y mochileros se ha hecho famosa en los últimnos años por ser uno de los lugares más baratos y accesibles en el mundo para sacarse el certificado de buceo. Si bien en la actualidad existen lugares mucho más baratos que Utila para aprender a bucear -véase Filipinas o Tailandia-, esta isla tiene un encanto cautivador. Sabes cuando llegas pero no cuando te marcharás. Yo mismo lo viví en mis propias carnes. Llegué con la intención de estar 5 días y terminé quedándome tres semanas. Un utileño me dijo que en la isla se cumple la regla de las tres mentiras: "Mañana me voy", "esta cerveza es la última" y "te quiero". Una vez instalado, me tomé un par de días de relax absoluto. Únicamente comer, leer, escuchar música y dormir. El día de Nochevieja cenamos en
Jimmy´s Place y después salimos a dar la bienvenida al nuevo año 2007 en
Coco Loco, uno de los garitos de moda en la isla en el que a ritmo de house contemplamos este espectáculo de fuego.
Copán Ruinas (Copán), HONDURAS. Km. 23598

El sábado 23 de diciembre, después de despedir a Edel en el aeropuerto de Ciudad de Guatemala, regresé a casa de Maite donde había dejado algunas de mis cosas. Con ella vive Nacho, zaragozano afincado en Guatemala desde hace 7 años, quien me invitó a pasar con él mi primera Nochebuena fuera de Pamplona. Desde hace unos años siempre he bromeado con mi amigo Dani que alguna Nochebuena me iba a comer una pizza de Telepizza en lugar del tradicional cordero y cardo de mi mami. Esta ocasión se presentaba como la más adecuada dadas las circunstancias. Más aún teniendo en cuenta que esta empresa española se ha aliado con la cadena de
fast chicken food Pollo Campero que según me ha dicho un pajarito pronto abrirá sucursales en España. Lamentablemente Dani, este año tampoco ha podido ser porque la morriña fue más fuerte que mi hambre de pizza. Aprovechando que en Guate hay varios supermercados de productos españoles, compré algunas delicias de la patria como jamón serrano ibérico (manjar de Dioses), boquerones en vinagre, una lata de bacalao a la vizcaína, pimientos del piquillo y chorizo pamplonica.
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Desde hace años tengo cierta aversión por las fechas navideñas aunque, en esta ocasión lejos de mi hogar, eché mucho de menos a mi familia y no volví a casa como cada año hace el turrón El Almendro. A pesar de todo,
Nacho y su novio Renato me hicieron sentir como en casa. Comimos turrón, bebimos vino, tuvieron el detalle de darme un regalo y disfrutamos del espectáculo de fuegos artificiales más impresionante que he visto hasta el momento en mi vida. Subidos a una colina desde la que se divisaba toda la ciudad, vi como el cielo se llenaba de destellos durante más de media hora. Miles de personas diseminadas por todos los rincones de Ciudad de Guatemala lanzaban desde la calle o la azotea de sus casas cohetes, petardos y estruendosos y coloridos fuegos artificiales sin cesar.
Antigua fue capital hasta que en el año 1773 un terremoto destruyó la mayor parte de la ciudad. Nueva Guatemala de la Asunción fue el nombre que le dieron al nuevo asentamiento que en la actualidad se divide en zonas numeradas del 1 al 16 -si la memoria no me falla-. Guate, como la llaman los lugareños, no tiene demasiadas cosas que ver. Si se dispone de tiempo merece la pena visitar el
Palacio de la Cultura, la catedral, el mercado de artesanías, el Palacio Presidencial o salir de juerga por la Zona Viva donde se aglutinan decenas de hoteles, restaurantes y discotecas. En el poco tiempo que pasé en esta ciudad con fama de peligrosa e insegura y en la que se estima que viven la mayoría de los 65.000 pandilleros que calcula el gobierno guatemalteco, no tuve ningún susto. Cruzo los dedos por si acaso.
COPÁN: ESTELAS A TUTIPLÉN
Copán Ruinas es un oasis calmado que ofrece al viajero un torrente de cultura maya y frondosa naturaleza. Este pueblecito se encuentra a escasos 12 kilómetros de El Florido, puesto fronterizo que marca los límites políticos entre Guatemala y Honduras. Hay otros modos más baratos de viajar desde Ciudad de Guatemala hasta Copán Ruinas con buses locales pero decidí elegir la empresa de autobuses
Hedman Alas que ofrece un excelente servicio de primera clase entre Guate y Tegucigalpa (Honduras) con paradas en Tela, La Ceiba y San Pedro Sula. Me alojé en el
Hotel Copán Clásico en una habitación privada con televisión por 200 lempiras. Lo primero que me llamó la atención al entrar en Honduras es el carácter agrio de sus habitantes en contraposición con la amabilidad comedida de los guatemaltecos. Aunque seguramente me equivoque, esa es la impresión que me he llevado de este país. Entre las novedades en el apartado gastronómico degusté la
Mirinda de banana cuyo sabor era pasable.

Después de recorrer los principales vestigios mayas (Chichén Itzá, Palenque, Uxmal, Tulum, Cobá...), tan sólo me quedaba pendiente una última ración de
piedras: El suculento Copán. Antes de entrar en consideraciones históricas, hay que reclacar primero que la entrada a este complejo de ruinas es realmente cara si lo comparamos con otros yacimientos de Guatemala y México. Hay que pagar 15 dólares por visitar Copán y 15 más si se quiere recorrer los túneles subterráneos.
Hace más de un siglo que unos intrépidos exploradores se toparon por primera vez con las ahora famosas estelas de esta ciudad maya que había permanecido oculta por la densa selva del oeste de Honduras. La importancia principal de Copán reside en sus
estelas excelentemente conservadas y la imponente
Escalera de Jeroglíficos en la que queda patente que la cultura maya posee un complejo sistema de escritura que nada tiene de primitivo. Algunos arqueólogos opinan que si se les hubiera ocurrido escribir una novela, podrían haberlo hecho sin dificultad. En tercer lugar en importancia de este complejo arqueológico, se encuentra junto a la escalera de jeroglíficos el campo de juego de pelota.
Juego de pelota
La entrada al recinto arqueológico recibe al visitante con varios
guacamayos apostados en la verja. Desde ahí, siguiendo por un bonito paseo flanqueado por árboles llegas a la Gran Plaza, una explanada con hierba en cuyo centro se alza una pequeña pirámide circundada por altas estelas. La mayoría de los jeroglíficos y esculturas de las estelas y altares hace referencia a 18-Conejo (¡Menudos nombres que se ponían estos mayas!), uno de gobernantes más importantes de Copán. Inicialmente los historiadores creían que las grandes ciudades como Copán eran centros ceremoniales donde sólo vivían los sacerdotes, mientras el resto de la población vivía en pequeños pueblos e iba a visitar los templos sólo cuando tenía lugar celebraciones solemnes. Sin embargo, gracias a los avances en el desciframiento de la escritura jeroglífica, se sabe que los relieves y signo tallados en las estelas hablan de importantes sucesos históricos y de la vida y hazañas de los reyes mayas cuyo retrato está labrado en las estelas.

Copán puede alardear, además, de poseer el texto labrado más largo de América: la famosa
Escalera Jeroglífica. Muchos de los peldaños se han caído y sólo una porción de los más de mil 250 bloques de piedra esculpida fueron hallados en su orden original. A pesar de todo se ha conseguido ordenar lo suficiente como para saber que esta escalera fue construída por Humo Concha -el que lo bautizó era un verdadero cabrón- con el fin de conmemorar las vidas de sus antepasados.
En la actualidad las ruinas de Copán no se encuentran inmersas en una frondosa selva como sí ocurre en Tikal. Rodeada por vastos campos de maíz y tabaco, esta zona arqueológica de 120 hectáreas acoge temprano o al atardecer a docenas de venados de cola blanca que acuden a la Gran Plaza para pacer. En los cientos de árboles como gigantescos guanacastes o ceibas se posan durante todo el día una ingente variedad de aves como periquitos y tucanes.
Vista panorámica de CopánLa soledad, la nostalgia o la morriña por el jamón serrano siguen haciendo mella en mi corazón día a día. Sin embargo, la ilusión por regar mis ojos de nuevos paisajes, colores, olores y personas de momento puede más. No dejo de imaginar cada día que pasa mi regreso a España y eso me hace feliz, llegue o no a Ushuaia. Por recomendación de César, el pamplonica que conocí en Tikal, mañana tomaré de madrugada un autobús que va a La Ceiba para coger el ferry hacia la isla de Utila (Honduras). Allí tengo la intención de relajarme durante unos días, sacarme el curso Open Water PADI de buceo y celebrar mi primera Nochevieja fuera de España.
Fotos CIUDAD DE GUATEMALA
Fotos COPÁN