Partí de Chihuahua en Transportes Chihuahuenses (Grupo Estrella Blanca) rumbo a Morelia, capital colonial del Estado de Michoacán. 21 horas de largo viaje, portando un incómodo resfriado y con el aire acondicionado bien alto. Recomiendo siempre que se viaje en autobús por México -extensible a otros países- llevar algo de abrigo porque el termostato de los conductores está un tanto averiado. El centro histórico de Morelia ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y razones no les han faltado porque realmente es una belleza. Algo bonito ha quedado al menos del paso de los conquistadores españoles por México, aunque no me puedo olvidar por supuesto de las atrocidades que cometieron exterminando a cientos de miles de indígenas hace más de 500 años.
Morelia no se encontraba incialmente en mi plan de viaje. Todo tiene un porqué. En Alaska conocí durante mi visita al Parque Nacional Denali a Patricia Ávila, investigadora antropóloga de la UNAM, con quien compartí ideas y opiniones sobre el arte de viajar. Al despedirnos intercambiamos direcciones y ahí quedó todo. Me había hablado tanto de su ciudad natal y de la belleza de ésta que decidí acudir para verla y de paso hacerle una visita. Cuando llegué a la estación de autobuses tomé un taxi (25 pesos) para hospedarme en el cómodo Hostal Allende (Calle Allende 843). Dormí un par de horas para volver a ser persona después de la paliza que supone atravesar casi medio país. POR LA PATA ABAJO
Al día siguiente comencé a sentirme un poco mejor del resfriado pero los desarreglos intestinales comenzaron a presentarse. No me había alojado en casa de Patricia a mi llegada porque se encontraba tomando un curso en el D.F. Su hospitalidad ha sido espectacular y la valoré aún más cuando me puse enfermo. Algo en mal estado debí de comer puesto que me agarré una infección intestinal sanguinolenta. Patricia se portó conmigo de una forma encomiable. Al ver que mi malestar se agravaba, llamó a un doctor especialista en el aparato digestivo para pedir cita. Tras un exhaustivo examen, el doctor Guillermo Sánchez me dijo que tenía una infección intestinal, deshidratación y la tensión muy baja. Me recetó antibióticos, loperamida y otro medicamento para el estómago. Agradecidos tenemos que estar los españoles con la sanidad pública que tenemos aunque muchas veces nos parezca que tiene deficiencias. Lo que si son deficiencias es tener que pagar 400 pesos (40$) por una consulta y 680 (68$) por tres medicamentos. Así que me pasé tres días prácticamente bebiendo líquido y encerrado en casa. Mi visita a Morelia que se preveía muy interesante se tornó en una pesada convalecencia. ¡VIVA MÉXICO, VIVA MÉXICO, VIVA MÉXICO!
Por esta razón no pude visitar la hermosa aldea purépecha de Pátzcuaro ni celebrar el 15 de septiembre con los mexicanos sus fiestas patrias. Mediante la ceremonia del Grito, en la que el Presidente y los gobernadores de cada estado hacen sonar una campana rememorando el día en el que el padre Miguel Hidalgo declaró la independencia del yugo español en la ciudad de Dolores Hidalgo (Guanajuato), todos los mexicanos celebran el comienzo de la independencia de la colonia en 1810. "Mexicanos y mexicanas, viva nuestra Independencia. Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad. Viva Hidalgo, viva Morelos, viva Allende, viva Josefa Ortiz de Domínguez, viva Leona Vicario, viva nuestra democracia, vivan nuestras instituciones. Viva la unidad de las y los mexicanos, viva México, viva México, viva México", gritó el presidente Fox este año mientras sonaba la campana y el cielo se inundaba de fuegos artificiales.
Después de 4 días enclaustrado en casa, salí por la noche con Patricia a cenar en un restaurante. Me llevó a un sitio alucinante: el restaurante "Las Mercedes" (León Guzmán 47, tfno. 443 312 61 13). El edificio tenía más de 300 años, estaba construído en piedra como si fueran las salas de un castillo medieval y la comida sencillamente era increíble. Tomé algo suave. Una deliciosa sopa de cebolla con queso parmesano y mero al vapor con verduras cocidas mientras sonaba de fondo el disco "Lágrimas negras" de Bebo Valdés y Diego el Cigala.
Restaurante "Las Mercedes" LA PUCELA MEXICANA
El centro histórico de Morelia es una mezcla magistral de la arquitectura de ciudades españolas como Salamanca o Valladolid. Comparte con la primera el bullicioso ambiente universitario. Por sus calles se pasean jóvenes ataviados con batas blancas, otros de aspecto más bohemio y algunos estudiantes muy fresa (pijos). Con Valladolid hasta hace unas decenas de años, Morelia también compartía el nombre puesto que así la nombraron los españoles desde la época de la colonia. Luego le cambiaron el nombre en honor del revolucionario José María Morelos y Pavón. Luquitas, me acordé mucho de ti y de nuestros viajes a Valladolid y Ultramemia. Tu madre Angelines estaría orgullosa de mi visita a su ciudad tocaya. Dile que me debe un filete de ternera todavía.
Me dí un paseo para conocer el Mercado de Dulces y Artesanías donde hay todo tipo de derivados del azúcar. Muy cerca se encontraba el Palacio Clavijero y el romántico Jardín de las Rosas situado en el corazón de la ciudad y rodeado de edificios de los siglos XVIII y XIX. En el centro este jardín se engalana con una fuente y dos estatuas de bronce; una en honor de don Miguel Cervantes Saavedra y otra del ilustre don Vasco de Quiroga.
Unos metros más allá se yergue la imponente catedral de estilo herreriano, barroco y neoclásico. En la parte posterior, dentro del sector de Nueva España, se agazapa el Templo de San Francisco y un selecto mercado de artesanías bajo sus soportales. Casi al final de la avenida principal Francisco Madero está el Callejón del Romance, una angosta callejuela con la arquitectura típica de cantera rosa del centro histórico de Morelia. Cuenta con una serie de inscripciones a lo largo del callejón que son extracto del "Romance a mi ciudad" del poeta michoacano Lucas Ortíz. De ahí se muestra imponente el Acueducto de la ciudad, la fuente de Las Tarascas y la calzada de Fray Antonio de San Miguel que todavía guarda el ambiente del siglo XVIII y el sabor de la provincia michoacana. Finalicé mi paseo por Morelia precisamente en la plaza del héroe revolucionario que da nombre a la ciudad: José María Morelos y Pavón.
Plaza de Morelos A LA TERCERA NO VA LA VENCIDA
Aunque no estaba en perfecto estado de salud, me lancé a un tercer asalto del difícil arte de cocinar una tortilla de patata. Todavía me falta perfeccionar y aprender los quehaceres culinarios aunque me siento muy orgulloso de la soltura que voy adquiriendo frente a la cámara. ¡Que tiemblen Arguiñano, Arzak y José Andrés!
Tortilla de patata: Episodio III
No salió tan buena como en Tijuana. Si ya de por sí es complicado el procedimiento de darle la vuelta a la tortilla, hacerlo con otra herramienta que no sea un plato supone realizar un espectáculo circense tipo "más difícil todavía".
Tortilla de patata: Resolución
Poco a poco voy recorriendo la Ruta Panamericana y de mi aventura se van haciendo eco algunos medios. Es el caso del blog francés Notas de Viaje en el que su autor muestra "un deseo que otro posee o ha cumplido" y es hacer la ruta panamericana alguna vez en su vida. También mención especial para el reportaje "Exploradores" del diario gratuíto nacional ADN.
Atrás queda la enfermedad y permanecen en primer plano recuerdos gratos como los paseos con su perro retoño y el sabueso de los vecinos, la arisca señora Ismir -su gata- y las largas conversaciones acerca de nuestras vidas, la situación política de México y el mundo en general. Queda pendiente para otra ocasión una visita a Pátzcuaro y al Santuario de la Mariposa Monarca, donde cada otoño, de finales de octubre a primeros de noviembre, millones de mariposas se refugian para hibernar después de haber recorrido más de 4.000 kilómetros provenientes de la región de los Grandes Lagos de Canadá y Estados Unidos. Próxima estación: La Ciudad más grande del mundo, Ciudad de México.
El domingo 9 de septiembre, tomé junto con Koen, Argyan, las dos chicas noruegas y el inglés brasas un autobús de Estrella Blanca por 180 pesos rumbo a la capital del Estado de Chihuahua. Chihuahua es conocido no sólo por esos perros con aspecto de rata, la ciudad fue cuartel general del revolucionario Pancho Villa.
El viaje hacia allí, de unas 5 horas de duración, se hizo un tanto tedioso con alguna que otra parada en lugares como San Juanito, Adolfo López Mateos o Cuauhtémoc. Este último lugar es la capital de los menonitas en el norte de México. Estos extraños seres humanos, ataviados con llamativas vestimentas y acompañados por sus hijos hueritos (de pelo rubio y aspecto caucásico) se suben al autobús durante los escasos minutos de parada para vender grandes trozos de queso. Según he leído acerca de esta secta, únicamente se casan entre ellos -vamos, como los Borbones hasta hace no demasiado- y en lugar de nombre cada uno tiene asignado un número.
Como el inglés que venía con nosotros no tenía ni idea de español y necesitaba llegar a Los Mochis de cualquier forma ya que el tren había descarrilado, hice labores de agencia de viajes consultando por teléfono horarios de autobuses, destinos y enlaces. Casi 6 horas después de haber salido, por fin llegamos a Chihuahua. Siguiendo las recomendaciones del recepcionista de Casa Margarita en Creel, acudí con la pareja de belgas -después de despedirnos en la estación de autobuses de Chihuahua del inglés y las noruegas- al Hotel Jardín del Centro (280 pesos, aire acondicionado y tv por cable), situado frente al Hotel San Juan -que atestigua tener 65 teléfonos, 65 baños y 65 cuartos pero no sabemos si todos juntos o separados-, en pleno centro de la ciudad.
Tras dejar las maletas e instalarnos, fuimos a dar un paseo para conocer un poco la ciudad. Primero entramos en el Palacio de Gobierno, un edificio de tres plantas del siglo XIX cuyas paredes estaban cubiertas de murales pictóricos que relatan la historia de Chihuahua, en uno de ellos me integré a la perfección.
Lo más curioso de nuestra visita a este insigne lugar en el que fue fusilado el sacerdote revolucionario Hidalgo, fue que mientras paseábamos por el cuadriculado patio, no dejaban de aparecer parejas de recién casados para hacerse las fotos oportunas post-matrimonio. Y no solamente eso, alguna que otra quinceañera ataviada con vestido pomposo y colorido tipo Sisí Emperatriz llegaba con sus padres para la sesión fotográfica. Así que nos divertimos de lo lindo viendo el espectáculo. En México y otros muchos países, celebrar la transición de niña a adolescente tiene un arraigo muy particular. No significa que las niñas estén listas para casarse como algunos creen, más bien que las chicas pueden presentarse como personas adultas en eventos sociales.
Entre las excelencias culinarias de la región, es necesario destacar este puesto que encontré en la calle, no muy lejos de la Plaza Hidalgo, que preparaba un receta "carente de colesterol": Los Dori-Nachos.
Dori-Nachos
EMULANDO A JUANITO WAYNE
En Chihuahua hay tres cosas que predominan sobre el resto. En primer lugar, decenas de estatuas de los perritos que dan nombre a la ciudad (de ellos os hablaré más tarde). Por otra parte hay un par de artículos que venden infinidad de tiendas: Botas y sombreros vaqueros. El uso de las botas vaqueras es súmamente popular entre la gente que vive en el norte de México. Este hecho demuestra la importante conexión cultural de esta parte del país con el sur estadounidense: Texas y Nuevo México. Los precios de las botas rodan entre los 50 y 300 dólares, según sea el material del que están hechas: res, cuero, piel de serpiente, de mantaraya... Al parecer existe también un mercado negro en el que "puedes encontrar botas de piel de tortuga y todo tipo de animales en peligro de extinción", me comenta el dependiente de una tienda. No me pude resistir ante la tentación y me compré estas botas tan molonas. Lo único que me faltó fue llevarme un sombrero.
En nuestro recorrido por la ciudad no faltó una visita a su majestuosa catedral en cuyos alrededores aparecen como setas; limpiabotas, ociosos y músicos callejeros. En su fachada sur, en un angosto callejón, cuando comienza a atardecer se origina un espectáculo inusual y sorprendente.
La invasión de las golondrinas
Koen, Argyan y un servidor regresamos al hotel para dejar los bártulos y salimos a buscar un lugar para cenar. Por casualidad nos topamos con La Casa de los Milagros (C/ Victoria 812), un restaurante precioso con actuaciones en directo de cantautores y música folclórica donde nos tomamos algún que otro cóctel y picamos algo. Allí nos topamos de nuevo con la pareja de noruegas y el inglés brasas. ¡Definitivamente el mundo es un pañuelo! ¡ÁNDELE, ÁNDELE!
En Chihuahua se encuentra la que fue primero casa de Pancho Villa y posteriormente cuartel general, Quinta Luz, que en la actualidad acoge en su interior el Museo de la Revolución Mexicana. Entre sus objetos más interesantes destaca el coche Dodge en el que Pancho Villa fue acribillado a balazos, un arsenal de armas de la época, habitaciones con el mobiliario original y fotografías de la Revolución y sus protagonistas. Villa ha pasado a la historia como uno de los héroes de la Revolución mexicana aunque vivió la mayor parte de su vida como ladrón sanguinario y coleccionista de esposas y mujeres. En la taquilla se puede ver una extensa cronología que confirma el carácter mujeriego del revolucionario.
Quinta Luz, la casa de Pancho Villa
Descendiendo por la calle 10 -en ella se encuentra Quinta Luz- en dirección sur hacia la Plaza de Armas, uno se topa con el Parque Lerdo. Unos metros más allá surge imponente Quinta Gameros, una mansión art nouveau que acoge el Centro Cultural Universitario. ¡UH! CHIHUAHUA
Como ya os comentaba anteriormente, en las calles de Chihuahua abundan decenas de esculturas de perritos chihuahua con todo tipo de diseños y decoración. Originalmente se creía que los chihuahuas eran descendientes de una antigua raza asociada con la realeza en la civilización azteca conocida como Techichi. Actualmente se cree que estos perros rata fueron traídos a México por conquistadores españoles a través de sus rutas de comercio con China. Según esta teoría, la costumbre de reducir de tamaño tanto plantas como animales en China puede ser un punto importante de conexión con el incierto orígen de esta raza perruna.
Con mi amigo el Chihuahua
Cada una de las esculturas está pintada por un artista con técnicas bien distintas que van del mosaico al aerógrafo. Todas poseen un letrero en el que figura el nombre de diseñador y aquella institucion o empresa privada (Burger King, Coca Cola...) que patrocina la obra. Esta exposición urbana llamada Chihuahua´s Dog Parade se inauguró pocos días antes de llegar yo a la ciudad. En ella treinta y tres esculturas fabricadas en fibra de vidrio fueron pintadas y decoradas con diversos motivos. Están desde el perro llamado "Chiles Chihuahua" de Christian Garnica, en cuyo cuerpo lucen algunas de las 260 especies de chiles que se producen en Delicias, el "Aventurado" de Raúl Mendoza que muestra los deportes extremos que se practican por montañas, bosques y barrancas de Chihuahua o "Seco" representa el clima árido del estado.
Siguiendo la estela del anuncio de natillas Danone....¡repetimos! ¿O acaso pensábais que los videoiosings salen a la primera?
Chihuahua a favor del Estatut
El domingo por la tarde me despedí de Koen y Argyan puesto que debían tomar un avión con destino a la Ciudad de México. Antes intercambiamos mails y teléfonos por si en un futuro podemos volver a vernos en Bélgica o Madrid. Con un gripazo incipiente en mi cuerpo me retiré a mis aposentos en el hotel para descansar y rememorar mi querida España viendo en la televisión por cable "Donde estás corazón" y el "Diario de Patricia". Sí, soy un poco friki, pero en ese estado reconforta el ánimo. Próximo destino: Morelia, a 300 kilómetros del D.F.
La Costura de América: a la busca de seres humanos
Un periodista y aventurero español recorre el continente americano en transporte público para rodar un documental
Hace veinte años, el escritor Tahir Shah llegó desfallecido a una árida ladera en el norte de Kenia. En una choza de adobe, encontró a quien es considerado como el último gran explorador, Sir Wilfred Thesiger, que le ofreció un té para calmar la sed y recuperar las fuerzas. Pero, además de la bebida, Thesiger le regaló un consejo: “No busques los lugares, busca a las personas”.
Iosu López nunca ha oído hablar de Thesiger (que murió en 2003) ni de sus teorías, pero la motivación que ha llevado a este pamplonés de 28 años a recorrer el continente americano de punta a punta es muy similar a la del aventurero británico nacido en Etiopía. Su proyecto consiste en atravesar la Ruta Panamericana en transporte público para elaborar un documental sobre las gentes y los pueblos que se cruce en su camino. Lo ha llamado “La Costura de América”.
Los primeros indicios de esta vía que se asoma a orillas del Pacífico surgieron en el Imperio Inca (del siglo XIII al siglo XVI), con los llamados “caminos del Inca”, que convergían en la ciudad peruana de Cuzco. Posteriormente, la ruta se fue extendiendo para ser reconocida como tal en la V Conferencia Internacional de los Estados Americanos, en 1923. Hoy, es un sistema de carreteras que conecta a lo largo de más de 32.000 kilómetros el continente americano desde Prudhoe Bay (Alaska, EEUU) con Bahía Lapataia (Ushuaia, Argentina). Tan sólo un tramo de 87 kilómetros de selva montañosa entre Panamá y Colombia, conocido como el Tapón de Darién, interrumpe momentáneamente la ruta.
Shah, inglés de origen afgano, evocó en un reciente artículo en el diario “The Washington Post” cómo Theisiger le explicó en aquel rincón perdido de África que “todos podemos ser exploradores, sólo se trata de soportar las dificultades, observar y, sobre todo, buscar a la gente y aprender de su compañía”. Como si hubiese presenciado aquella conversación, López asegura que el espíritu que guía su viaje es mezclarse con las personas y extraer sus historias. Ese es el motivo por el que viaja en autobuses, trenes, transbordadores y cualquier tipo de medio de transporte público que le facilite acercarse a la gente.
Gente como Wullie McLeod, un hombre de 54 años, amante del chocolate y el alcohol, que le enseñó a jugar al ancestral “Horseshoe”, un pasatiempo típico de los antiguos buscadores de oro de Alaska en el que se lanzan unas pesadas herraduras de caballo para tratar de encajarlas en un poste metálico. “La historia de Wullie me conmovió”, cuenta López. “Después de jugar al ‘Horseshoe’, me mostró su pequeña habitación situada detrás del restaurante en el que lava platos; tomamos unas cervezas y regresamos al río para seguir hablando durante horas sobre sus antepasados confederados en la Guerra Civil, su trabajo como trampero de zorros y castores y la difícil situación que atraviesa su novia alcohólica”.
“El día terminó compartiendo una cena a la que yo invité mientras él ahogaba sus palabras en una última cerveza. Sus ojos se iluminaron cuando vio que yo pagaba la cuenta. Se levantó, me dio un abrazo y me dijo que nunca nadie le había invitado a nada. ‘Yo siempre me lo he pagado todo’, me dijo”, relata López.
En su periplo, el aventurero navarro se ha topado también con An Zhe, un escultor chino que esculpe estatuas de animales en hielo para un hotel construido totalmente en ese mismo material, y ha podido descubrir que Cicely, el pueblo que popularizó la serie de televisión “Doctor en Alaska”, no existe, sino que se llama en realidad Roslyn y se encuentra en el estado de Washington.
Además, ha tenido la oportunidad de conocer en qué consiste el “Nenana Ice Classic”: “Compras un boleto de dos dólares y medio y haces una apuesta en la que debes adivinar el día, la hora y el minuto en que se producirá el deshielo del río Tanana. Para saberlo, introducen en el río una especie de trípode gigante que posee un sensor. Cuando la masa de hielo comienza a moverse, la alarma suena y montan una gran fiesta. En la última edición, hubo ocho personas que acertaron que el hielo se rompería el 2 de mayo a las 17:29, y se repartieron 300.000 dólares”.
Su recorrido está plagado de experiencias de este tipo, que López almacena en la cámara de vídeo que le acompaña y que condensa en un blog que ha habilitado para dar cuenta de estos pequeños milagros de la cotidianidad (www.rutapanamericana.com). En su bitácora digital, confesó hace poco: “Nadie me había dicho que fuera fácil ser aventurero”.
Y él lo sabe más que nadie. Dejó atrás su trabajo como redactor en una cadena de televisión, a su novia, su familia, sus amigos y su casa en Madrid para zambullirse en una aventura que él siempre concibió realizar solo.
Sin embargo, para tomar la decisión, contó con el apoyo de todos ellos y de algunas empresas patrocinadoras que se han acercado atraídas por la idea. López, en cualquier caso, abre la puerta a que más patrocinadores se sumen a los actuales, las marcas de equipamiento y ropa deportiva Dakine y Etnies.
Aunque todavía se encuentra en los albores del viaje, que comenzó el pasado 28 de junio y debería llevarle hasta Ushuaia “en unos siete u ocho meses”, López reúne arrestos en los momentos de mayor soledad y busca inspiración en figuras míticas como la del doctor Livingstone. Y mientras tanto, cámara al hombro y orejas bien abiertas, sigue a la caza de las historias y las vidas que nacen en cualquier momento de cualquier lugar.
Era lunes 4 de septiembre cuando salí de La Paz en autobús rumbo al puerto de Pichilingue. Desde este lugar parten dos ferries operados por la compañía Baja Ferries que conectan la península de Baja California con el México continental. Uno hace el trayecto La Paz-Mazatlán-La Paz y el otro La Paz-Topolobampo-La Paz. Por el módico precio de 680 pesos (68 dólares) tomé el que me llevaría a Topolobampo, pequeño pueblo costero situado en el Estado de Sinaloa. El ferry llevaba en sus bodegas decenas de coches, camiones y trailers de carga inmensos.
COMIENDO CON UN EX PRESIDIARIO
En la cola de espera para abordar el ferry, entablé conversación con Arturo, señor de unos 50 años nativo de Tijuana cuya profesión consistía en conducir varias veces por semana coches de segunda mano desde la frontera con Estados Unidos hasta La Paz. 1500 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para entregar los vehículos en un concesionario que los vendería a mejor precio. Sentados en el salón del pasaje mantuvimos una larga conversación acerca de viajes, música norteña, narcotraficantes, la historia revolucionaria de México, curas y monjas inmersos en orgías -dijo tener constancia de una en Tijuana hace un par de años y no quise entrar a fondo en el tema-... Llegó el momento de la comida. Mientras comíamos de repente me preguntó: "¿Oye, has estado en la cárcel?". A lo que respondí que no. "Pues esta comida se parece a la de la cárcel". Inicialmente se me subieron las pelotas a la garganta. Arturo continuó con su plática. "Hace unos años estuve en la cárcel durante tres meses. Participé en una pelea de gallos, llegó la policía y me detuvieron. ¡Pinches pendejos huey!", recuerda mientras se mete a la boca un pedazo de filete de ternera reseca.
HEYYYYYYYYY JULITOOOOOOOOO
A eso de las diez de la noche desembarcábamos en el muelle comercial de Topolobampo. Allí nos esperaba un autobús color azul cielo que nos acercó a la terminal de pasajeros para recoger nuestras maletas. Mi destino final era la ciudad de Los Mochis, a 23 kilómetros de Topolobampo, desde donde parte el tren que recorre la hermosa Barranca del Cobre. Una vez recuperé mi maleta busqué un colectivo, ese tipo de autobús desvencijado parecido a los que llevan a los escolares estadounidenses que tanto abunda en las ciudades mejicanas. Me recibió un mozo de maletas al que le faltaba un tornillo pero que resultaba bien gracioso. El trayecto duró algo más de 20 minutos con la radio descargando rancheras, reggaeton, salsa y el mítico tema "Hey!" de Julio Iglesias: "Hey!, que hay veces que es mejor querer así, que ser querido y no poder sentir, lo que siento por ti. Ya ves, tú nunca me has querido ya lo ves, que nunca he sido tuyo ya lo sé, fue sólo por orgullo ese querer...". Sin duda era el colofón perfecto para una larga jornada de viaje.
CHEPE: HACIA EL INTERIOR DE LA SIERRA TARAHUMARA
Los Mochis ("Lugar de tortugas") es una ciudad sin apenas historia. De no ser por el famoso y turístico ferrocarril Chepe: Chihuahua-Pacífico pocos conocerían este lugar. Este tren, inaugurado en 1961 después de varias décadas de complicados trabajos, se adentra en la frondosa Sierra Tarahumara y llega 16 horas después de su salida a la ciudad de Chihuahua. 665 kilómetros de recorrido con 39 puentes, 87 túneles y paisajes que quitan el hipo y mutan del árido desierto al montañoso interior del norte de México. Los billetes pueden adquirirse tanto en la misma estación del ferrocarril como en la agencia Viajes Flamingo que se encuentra en los bajos del Hotel Santa Anita. Los precios varían ostensiblemente entre el Expreso de Primera (780 pesos) que sale a las 6 de la mañana y el Económico (aproximádamente la mitad) que inicia el recorrido una hora más tarde. Parece que no hay excesivas diferencias, según me dijeron otros turistas que se subieron en el Económico, entre el Expreso de Primera y este último.
Permanecí un par de días en el Hotel Hidalgo (240 pesos, entre Zaragoza y Prieto) haciendo alguna que otra gestión en la ciudad -internet, correos, compra de utensilios de higiene...- y degusté algunas joyas culinarias como una deliciosa pizza en el local Pizzas Price donde su cocinero me dio sus "más sinceros respetos para Miguel Bosé, Mecano y Rocío Jurado" o el tradicional sope, especie de pizza con base de torta de maíz y una montaña de ingredientes sobre ella que se come con cuchara. Siguiendo con la gastronomía, muy cerca del hotel, a una cuadra más o menos, hay un puesto llamado Hot Dogs Venezia con los perritos calientes más sabrosos que he comido hechos con aguacate, jamón, salchicha, cebolla frita, mayonesa, lechuga y tomate. Las salsas quedan al gusto del consumidor.
Tras pedir un taxi en el hotel a eso de las 5 de la mañana, recogí todos mis bártulos y me fui directo a la estación de ferrocarril. Por delante se abría ante mis ojos uno de los paisajes más bellos de mi viaje por México: La Barranca del Cobre.
Cruzando un lago
Ubicada en lo más profundo de la Sierra Madre Occidental, la Barranca del Cobre se compone de 20 cañones con una profundidad en algunos puntos superior a la del Gran Cañón de Arizona. Por poneros un ejemplo, la Barranca de Urique tiene 1879 metros de desnivel, ahí es nada. Como un reptil serpentea entre sus precipicios el Chepe, considerado por algunos aventureros como "el viaje más dramático en tren del hemisferio occidental".
Abordo del Chepe
El tren se desliza lentamente por los railes deteniéndose en lugares como El Fuerte, Témoris, Bahuichivo o San Rafael, lugar éste último en el que ya se comienza a notar la presencia de nativos tarahumaras vendiendo artesanía a los viajeros del tren. La siguiente estación es Posada Barrancas y algunos kilómetros más alla, el Chepe se detiene durante unos minutos en Divisadero desde donde se puede ver una espectacular panorámica de la Barranca del Cobre.
Divisadero
Debido a un descarrilamiento a causa de la lluvia, debimos apearnos del tren en esta pequeña población para tomar un autobús en dirección a Creel, mi destino final. Me alojé en Casa Margarita (Avenida López Mateos, junto a la plaza central), excepcional casa de huéspedes con dormitorios compartidos (100 pesos) y habitaciones individuales (unos 250 pesos). El precio incluye desayuno y cena. En ambos casos comes platillos riquísimos y variados. Otra de las particularidades de este hospedaje es que es un sitio ideal para hacer amistades con otros viajeros tanto en la cena y el desayuno como en los tours que realizan para conocer los alrededores por un precio económico. Allí conocí a la pareja de belgas Koen y Argyan, un par de chicas noruegas y un inglés un tanto brasas.
RARÁMURI, CORRE QUE TE CORRE
En esta espectacular sierra habitan los indios Tarahumara. Ellos mismos se autodenominan Rarámuri (gente de piés veloces). Viven en cuevas escavadas en roca volcánica y cabañas de madera de la misma forma en que lo hicieron sus antepasados durante los últimos 500 años.
Una de las cosas más llamativas de estos indígenas es la capacidad que tienen para recorrer largas distancias corriendo. Todavía cazan venados persiguiéndolos hasta dejarlos exhaustos y obligándolos a despeñarse por barrancas en las que previamente han colocado estacas afiladas. Además organizan periódicamente entre aldeas carreras de bolas que llegan a ser de hasta 200 kilómetros y duran dos o más días. La noche anterior cada grupo hace una ceremonia y se masajean los músculos con grasa de borrego. Un jugador de cada equipo arranca pateando una bola hecha con madera de encino mientras sus compañeros le animan. Cada cierto tiempo se turnan la pelota hasta llegar a la meta después de haber atravesado una ruta llena de vericuetos entre las montañas. Las apuestas se hacen con costales de maíz, ropas y animales de granja.
CONOCIENDO LA SIERRA TARAHUMARA
Una vez establecido en Creel era el momento de explorar los alrededores. Tomé la excursión que ofrecía Casa Margarita por 160 pesos. Éramos 9 pasajeros, el guía y el conductor montados en una furgoneta. Nuestra primera parada fue en una casa típica tarahumara escavada en el interior de la roca. En invierno conserva el calor y en verano el ambiente es fresco respecto a la temperatura que hace en el exterior. Allí estaba una señora preparando tortillas mientras sus dos hijos jugueteaban en el suelo polvoriento.
Unos kilómetros más adelante nos adentramos por una pista para conocer las formaciones rocosas del Valle de los Hongos, las Ranas y la Misión de San Ignacio.
Valle de los Hongos
22 kilómetros más allá de Creel, cerca de la aldea tarahumara de Cusárare, se encuentra un fascinante salto de agua hacia el que nos dirigimos atravesando un caudaloso río. Parte del camino había que realizarlo a pie, así que tocaba hacer un poco de deporte.
Camino a la cascada de Cusárare
El trayecto estaba salteado de diminutos puestos de artesanía atendidos por señoras tarahumaras. Tres kilómetros después, el esfuerzo había merecido la pena al contemplar la belleza de este espectáculo natural.
Cascada de Cusárare
Con un nombre tan extraño, a los pies de esta cascada de 30 metros de altura, tras haber descendido hasta su base, salpicado por el agua que desprendía, ya no sabía si se llamaba Cusárare, Curasásare o Cusasásare.
A los pies de la cascada
La excursión terminó de regreso a Creel con una parada en el Lago Arareko (¡osti tú si parece vasco!) en el que encontré este divertido cartel con una seria advertencia.
El recorrido a través de la Barranca del Cobre me hizo sentir que regresaba al comienzo de mi viaje en Alaska cuando me subí a bordo del tren que me llevó de Anchorage al Parque Nacional Denali. La compañía de Koen y Argyan, las cervezas en una cantina del pueblo mientras me tocaban unos mariachis el "Rancho grande" con los decibelios sobrepasados, la conversación con recomendación incluída del recepcionista del hostal -licenciado en literatura- para que leyese "El llano en llamas" de Juan Rulfo y otros tantos momentos me hicieron sentir muy feliz. ¡Qué más puedo pedir! Pues por pedir, haberlo compartido contigo, Edel.
Sabía que corría cierto riesgo dirigiéndome a La Paz un par de días antes de la supuesta llegada del Huracán John a la península de Baja California. No quería perder tiempo y retrasarme más días. Desafortunádamente mi amiga Kakun, meteoróloga de TVE, se encontraba encarando el síndrome postvacacional como para poder informarme puntualmente de los movimientos del Huracán John a su paso por México. No hay problema; para eso está internet. John, Juanito para los amigos, comenzó descargando su furia en las costas de los Estados de Guerrero y Jalisco como bien se puede apreciar en la fotografía. El Huracán John alcanzó inicialmente fuerza 4. Conforme avanzaba fue perdiendo poder disminuyendo a 2 para finalmente quedarse en 3.
Después de 5 horas de trayecto en autobús entre Loreto y La Paz, tomé un taxi seguro -así se llamaba- por el módico precio de 40 pesos. Siguiendo las recomendaciones de la Lonely Planet acudí al Hotel Lorimar (Calle Bravo 110) que oferta dos tipos de habitaciones: Viejas -240 pesos- y Nuevas -345-, ambas decentes. Este hospedaje se encuentra a tan sólo un par de minutos del malecón y a poco menos de 15 del centro de la ciudad.
La Paz, capital de Baja California Sur, fue elegido hace varios siglos por Hernán Cortés como punto estratégico de avanzadilla en su conquista de esta parte del continente. Decidí pasear por sus calles para empaparme del ambiente y de sus gentes antes de que John me lo impidiese. Al frente del Jardín Velasco, en plena plaza Constitución, se encuentra la modesta Catedral de Nuestra Señora de La Paz. Pocos metros más allá me detuve en un librería en la que estuve buscando un ejemplar de "Notas de Viaje" del Che Guevara, libro en el que se inspira la película "Diarios de motocicleta". La búsqueda resultó infructuosa aunque encontré una biografía editada por Debolsillo escrita por Pacho O´Donnell ("Che: La vida por un mundo mejor"). Como muchos sabéis soy poco aficionado a la lectura sin embargo prácticamente he devorado el libro en pocos días. Creo que la lectura me va a proporcionar salud mental en los innumerables momentos de soledad. Se aceptan sugerencias.
La madrugada del viernes 1 de septiembre el Servicio Meteorológico Nacional había anunciado que el ojo del Huracán John tocaría tierra en Los Cabos y que su diámetro causaría vientos fuertes y lluvía en municipios como La Paz o Loreto. Y así fue, salvo que cambió de trayectoria y pasó justamente por encima de nuestras cabezas provocando infinidad de desperfectos en carreteras, casas, comercios... Echadle un vistazo a la galería de fotos para haceros una idea aproximada del poder destructivo de Juanito. Como evidencia esta crónica salí ileso de un larga noche en la que se oía rugir el viento y caer la lluvia en cantidades exageradas.
Destrozos del Huracán John
Durante las largas horas de espera en la sala de estar del hotel, estuve conversando con una pareja de italianos, Kiara y Marco, e hice muy buenas migas con Francisco y Humberto, ambos ingenieros de telecomunicaciones mejicanos que se encontraban también varados en La Paz a la espera de que abriesen el aeropuerto. Ambos me invitaron a una deliciosa sopa de fideos instantánea mientras intercambiábamos información de las costumbres de nuestros respectivos países. Al día siguiente les invité a un par de cervezas y pizza poco antes de alucinar con uno de los mejores atardeceres que he visto en mi vida. Lástima no haberlo compartido contigo Edel.
ENTRE LEONES MARINOS
Pasada la tormenta y recuperado el estado de calma, el sol volvió a lucir como en días anteriores. Tenía contratada desde el viernes una excursión con la empresa Cantamar para hacer snorkel en los aledaños de la Isla Espíritu Santo pero se canceló por el huracán. El domingo 3 de septiembre, a las 7 de la mañana, me vinieron a buscar en una furgoneta para dirigirnos al puerto de Pichilingue desde donde salía nuestro barco "Siempre sí". Todos los turistas, salvo yo, iban a realizar buceo con botella. Si os interesa este tema mirad la web de Cantamar porque ofrecen alojamiento en un precioso resort y cursos de buceo de 4 a 15 días. Nuestra guía en la excursión resultó ser una cómica japonesa llamada Aki.
Los Islotes
Tardamos algo más de hora y media en llegar a Los Islotes, al norte de la Isla Partida, donde habita permanentemente una colonia de lobos marinos (Zalophus californianus), otros los llamaban leones marinos. El Mar de Cortés es uno de los grandes destinos de buceo del mundo y también uno de los más desconocidos. Este mar posee un ecosistema único en el que se puede encontrar los grandes habitantes marinos, entre ellos la ballena azul, la orca, el lobo marino, el tiburón ballena, el tiburón martillo y la manta raya. Los mejores lugares de buceo se encuentran en la zona de La Paz, alrededor de las islas del Espíritu Santo y Cerralvo, justo donde yo me encontraba.
Allí tuve una de las experiencias más excitantes de lo que llevo de viaje. Además de ver infinidad de peces multicolores, revoloteaban a mi alrededor varios leones marinos con los que pude juguetear. Algunos eran crías muy jóvenes, según Aki inofensivas, y un par de machos de más de 250 kilos con los que había que tomar cierta distancia de seguridad. La numerosa colonia de leones marinos se encontraba sobre las rocas de Los Islotes emitiendo ruidos -quien sabe si de apareamiento-, zambulléndose en el mar, restregándose contra las rocas o simplemente tomando el sol. Los leones marinos viven en colonias dominadas por una jerarquía social determinada, en las que siempre domina un gran macho que controla a un par de hembras y a varios ejemplares jóvenes. El dominio sobre su familia es total y muchas veces, el macho no permite el acercamiento de ningún otro ejemplar que pueda representar una amenaza para su indiscutible jefatura.
Impresiones después de nadar con leones marinos
Después de 50 minutos en el agua regresamos a la embarcación y nos dirigimos a un nuevo lugar de inmersión: Isla Ballena. En el camino hacia allí vi saltar sobre el agua a un grupo de unos 7 delfines y sacar la cabeza para respirar a una tortuga. José, un español adicto al buceo que venía con dos amigos, me explicó algunos de los aspectos más importantes del buceo con botella -no bombona, eso les horroriza-.
Navegando hacia Isla Ballena
La jornada terminó con una tercera inmersión en Fang Ming, un viejo barco que antes de su hundimiento en estas aguas servía para transportar de forma clandestina en sus bodegas cargamentos de inmigrantes chinos. Al encontrarse a bastante profundidad no pude hacer snorkel. Los que bajaron pudieron nadar junto a tortugas y descubrir este inquietante pecio. Me prometí regresar para aprender buceo y disfrutar de otra manera del fondo marino del Mar de Cortés.
Para terminar de redondear el día, a pesar de tener la espalda más roja que un cangrejo, La Paz se despedía con un crómatico atardecer que ha quedado impreso de por vida en el recuerdo.
Cromático atardecer en La Paz
Un hasta pronto de la península de Baja California de la que saldré al día siguiente en ferry rumbo al Estado de Sinaloa. Pero... eso es otra historia.
Tras un par de horas de viaje en autobús llegué a la minúscula y un tanto caótica estación de Loreto donde tomé un taxi para acudir directamente a la Posada San Martín (B. Juárez nº 4 y esquina C. Davis), regentada por Mathea Smith de Davis, que posee habitaciones espartanas con aire acondicionado y televisión por 250 pesos. El taxista me cobró 35 pesos por la dejada cuando en realidad debería de haberme cobrado 30. Son los extras que a veces uno deber pagar cuando se desconocen las tarifas que imperan en cada sitio.
Mi actual destino tiene un aire, tanto por su arquitectura como por la tranquilidad que se respira en su ambiente, de poblado antiguo. Considerada la primera ciudad capital de Las Californias, Loreto fue el punto de partida de los primeros frailes españoles empecinados con propagar la fe católica por estos lares. Así que dejaron constancia de su paso evangelizador construyendo la imponente Misión de Nuestra Señora de Loreto con un interior un tanto sobrio. El centro de la ciudad se cierne en torno al Ayuntamiento con calles empredradas en sus aledaños y un largo paseo de setos con forma de arco. Conocer lo más importante de la ciudad; la plaza Cívica, sus tiendas de recuerdos y artesanía, la selecta Posada de Las Flores, el malecón y la Misión no lleva más de 30 minutos. Otra cosa bien distinta es recorrerse los más de 2.000 kilómetros cuadrados de costa, mar e islas protegidas del Parque Marino Nacional Bahía de Loreto. No tenía ni ganas, ni dinero, ni tiempo.
En este lugar se respira un calor húmedo sofocante afortunádamente atenuado por la brisa que sopla a orillas del malecón. Era tanto el calor uno de los días que se desató un aguacero que inundó algunas de las calles hasta tal punto que no se podía cruzar de un lado al otro. Debido al mal funcionamiento del sistema de alcantarillado -problema presente en otras tantas poblaciones de México-, la calle se convirtió en un río de lodo y desperdicios por lo que no me quedó más remedio que cruzar quitándome las zapatillas pero dejando mis calcetines por eso de protegerse de los gérmenes. Y es que uno es hipocondríaco vaya donde vaya. O... ¿en esta ocasión no sería más bien previsor?
Paseando por el malecón
RUTINAS DE VIAJE
Los dos días que permanecí en Loreto los destiné prácticamente en su totalidad a las tareas rutinarias semanales que forman parte del estilo de vida del viajero errante: Sacar dinero del cajero automático, comprar sellos, acudir a la oficina de correos para enviar las postales correspondientes, pagar la habitación de la posada, comprar el billete de autobús para el siguiente destino, entregar y recoger horas más tarde la ropa de la lavandería, actualizar el blog, cargar fotos y vídeos en internet y comprar agua embotellada para beber y lavarme los dientes. ¡Qué ajetreo!
Luego quedan deshacer y volver a hacer la maleta, guardar la ropa sucia en su bolsa -de la ropa sucia-, averiguar antes de dormir que no haya bicho (cucarachas, lagartijas, mosquitos...) vivo en la habitación y en el caso de haberlo, como me sucedió en Loreto, exterminarlo a zapatillazos. ¿No os parece apasionante mi viaje? Aún y todo, sigo adelante. ¿Seré un tanto masoquista? ¿O...un quejica?
LAZOS EN LA RED
Internet tiene muchas ventajas y algún que otro inconveniente. Entre sus virtudes me permite comunicarme de forma rápida y segura con mis amigos, familia y novia, actualizar el blog mejor o peor según la conexión de cada lugar y sobre todo mostrar al mundo mi particular aventura. Eso permite además que algunas personas lleguen por diversos cauces a la web y se pongan en contacto conmigo a través del e-mail o dejando un comentario en el blog.
Es el caso de Jay Jay, un baja californiano oriundo de Ensenada (Baja California) que vive en Cholula (Puebla), quien ha incluído uno de mis videoiosings en su blog "El Cuchitril no tiene quien le escriba".
También han contactado conmigo gente como Cynthia de El Salvador para brindarme ayuda en su país, Isabel García (española que viajó a principios de septiembre a San Diego para asistir a una conferencia y que me pedía consejos acerca del transporte y hospedaje en Baja California), Enrique Kogan desde Miami se puso en contacto para saber el tiempo y coste de un viaje desde su ciudad "a Buenos Aires en carro, andando unas 6 horas por día y parando para descansar", Domingo Riesco desde Santiago de Chile se preguntaba acerca de mis sponsors puesto que tenía la idea de hacer "algo similar en el futuro" o Juan Manuel Pizarro de Buenaventura (Colombia), argentino de orígen que vive en este país "hace casi 3 años". Juan Manuel ha viajado por Sudamérica un par de veces y me ofrecía "con mucho gusto un lugar donde quedarte mientras estés por aquí".
Mil gracias a todos ellos -y los que han quedado sin nombrar- por interesaros por mi aventura y por vuestra solidaridad desinteresada.
La tecnología avanza a un ritmo desenfrenado. La red a veces da miedo. Mientras estoy escribiendo esta crónica suena en el ordenador de al lado el "Sufre mamón" de los Hombres G. ¿Será una señal? Hablando de internet y la comunicación. Hoy conversé a través de Skype (gran invento) con mi amigo Willy llamándole desde el ordenador a su móvil. Con ese don que tienen los argentinos para embellecer las palabras y los momentos, me dió un consejo que le había regalado su padre hace tiempo para suplir los duros momentos de soledad: "Sal, camina hacia un parque, mira las estrellas porque están en el mismo punto desde el que la vemos todos, piensa que no estás solo, estás con todos nosotros". Palabras reconfortantes que me animan a seguir el inquietante camino que queda ante mis pies. La Paz será mi próxima parada.
Prácticamente es imposible en lo que llevo de viaje por México comprar un billete de autobús con antelación. Normalmente la compra se hace el mismo día del viaje debido a que puede surgir cualquier imprevisto. Y así sucedió el jueves que había pensado irme de San Ignacio. Al parecer el autobús que llegaba a las 14 horas se estropeó en Guerrero Negro por lo que me quedaron dos opciones: estar un día más en San Ignacio o dirigirme a Santa Rosalía, la siguiente población, en taxi. Domingo Romero, el taxista con el que había realizado varios viajes en este pueblecito, me hizo una oferta que regateé hasta acordar 450 pesos (36 euros) por el trayecto.
De esta manera nos embarcamos en un trayecto que no duró más de hora y media durante el que Domingo me fue explicando cual guía turístico los lugares por los que pasábamos como el inactivo Volcán de las Tres Vírgenes. Tras un puerto de montaña ciertamente peligroso en donde se ha despeñado más de un camión, se convertía en un regalo para la vista el azulado Mar de Cortés a cuyas orillas se instaló la ciudad de Santa Rosalía.
TRAS LA SOMBRA DE EIFFEL
Localizada a 63 kilómetros de Mulegé, esta población pesquera en la que dormí una noche se ubicó a finales del siglo pasado en torno a la compañía francesa El Boleo, que había obtenido la concesión para explotar sus yacimientos de cobre. Entre sus atractivos destaca la Iglesia metálica de Santa Bárbara -patrona de los mineros- cuya construcción es atribuída por muchos estudiosos a Gustave Eiffel. Dicen algunos que esta iglesia prefabricada fue traída a Santa Rosalía en 1894 desde un almacén de Bruselas en el que se encontraba desmontada tras haberse expuesto en la Exposición Universal celebrada en París en 1889. Sus orígenes son un tanto inciertos e intrigantes. Otros opinan que la iglesia habría sido adquirida por una empresa minera norteamericana, propiedad de los Rockefeller, para ser instalada en sus minas californianas. El carguero que la transportaba sufrió una avería y tuvo que recalar en la Baja California, en donde se desembarcaron las cajas de la iglesia para facilitar la reparación. Abandonado en el lugar, el cargamento fue recomprado por la Compañía del Boleo.
LLEGADA AL OASIS
Sea como fuere, el caso es que tras pernoctar en Santa Rosalía tomé de nuevo un autobús en dirección a Mulegé. El paisaje que ofrece la carretera Transpeninsular mientras bordea la pendiente oriental de la Sierra de la Giganta es completamente desértico hasta llegar a esta especie de oasis de aspecto subtropical. El pueblo, que colinda al sur con los municipios de Comondú y Loreto, tiene cerca de 5000 habitantes y es el más extenso de los cinco municipios que conforman el estado de Baja California Sur.
El nombre de Mulegé se deriva de la lengua cochimí “Carmaañc galexa”, que significa "barranca grande de la boca blanca". Este pequeño poblado se encuentra a orillas del mar de Cortés y fue descubierto por el padre jesuita Juan María de Salvatierra en 1702. Palmas datileras, olivos y árboles frutales como el mango, guayabo, naranjo e higuera permiten a quienes visitan este lugar la posibilidad de saborear deliciosos manjares de clima tropical en el desierto. Me alojé en el precioso Hotel Las Casitas (Tfno. 153 0019, C/ Madero 50), cuyas habitaciones con aire acondicionado y televisión (290 pesos) dan directamente a un sombreado patio cubierto por plantas tropicales en el que trinan periquitos y loros. En este relajante e inspirador lugar se hospedó el poeta mexicano Alan Gorosave.
Una de esas tardes mientras veía la televisión volví por un instante a mi feliz infancia. ¿Cómo? ¡Mira el vídeo!
A unos 3 kilómetros del pueblo se encuentra la playa de Punta Prieta en uno de cuyos extremos se alza el Faro de Mulegé. Hacia allí me dirigí caminando a un lado de la orilla del Río Mulegé bajo el abrasador sol de mediodía no sin antes proveerme de una botella de agua.
Junto al Faro de Mulegé
Durante el trayecto se unió a mi marcha un perro al que decidí llamar Tintín y que me obedecía más o menos como si nos conociésemos de toda la vida. Apunto estuve de adoptarlo.
Regresando de playa de Punta Prieta con Tintín
En Mulegé está la tercera misión de Baja California Sur: Santa Rosalía de Mulegé. Construída hace 300 años en piedra con forma de “L” y rodeada de cáctus, fue abandonada un siglo después por falta de población aunque en su interior todavía se conservan una estatua de Santa Rosalía y una campana, ambas del siglo XVIII.
Pocos kilómetros al sur de Mulegé se halla la Bahía de Concepción con algunos de los más espectaculares paisajes de la península de Baja. Sus numerosas playas de arena blanca (Coyote, El Burro, Coco, Requesón...) y sus caletas protegidas por enormes riscos y majestuosos cardones del desierto son el lugar perfecto para practicar buceo o snorkel. Desde Mulegé se pueden contratar excursiones desde 80 dólares con Cortez Explorers, empresa de buceo perteneciente a un gringo.
Dos días de relax y soledad aminorada por la lectura, mi breve amistad con Tintín y algún que otro rato tocando la guitarra. Al despedirme del lugar estuve conversando con dos mujeres del pueblo acerca de la inmigración mientras me tomaba una refrescante Manzanita (parecido al Kas Manzana). Cada vez me encuentro más próximo al final de la Península de Baja California lo que me alegra un montón por haber cumplido un largo trayecto dentro de México de unos 1400 kilómetros. Loreto y La Paz serán los dos últimos destinos de este tramo.
San Ignacio (Baja California Sur), MÉXICO. Km. 13029
Misión de San Ignacio
Aproximádamente 142 kilómetros al sur de Guerrero Negro se encuentra este esplendoroso oasis. Para viajar en autobús por Baja California existen dos compañías principales entre las que optar: Águila (664 621-2424 ext. 102) o ABC. Opté por conveniencia de horario por la primera. Después de algo menos de una hora de viaje y una corta parada en Vizcaíno, llegué a la diminuta estación de autobuses que se encuentra a un costado de la carretera Transpeninsular. En este punto se adentra en diagonal -como si de un Y griega se tratase- un pequeño camino asfaltado que conduce al Hotel Rice & Beans (615 154-0283) donde me alojé por unos 400 pesos. Sirven comidas sabrosas, evidentemente acompañadas de arroz y frijoles, y se puede pagar con tarjeta, algo prácticamente difícil de conseguir en muchos de los pueblecitos de la península. Es muy recomendable antes de viajar informarse en qué lugares y en cuáles no hay banco con cajero automático. San Ignacio es uno de ellos.
El camino de acceso al pueblo, alrededor de dos kilómetros desde la carretera Transpeninsular, permite adentrarse en un paisaje de ensueño que contrasta con la aridez de la colindante Sierra de San Francisco y el paisaje desértico de sus llanuras anexas. Uno puede coger un taxi por 30 pesos la dejada -el viaje- o darse un paseo si se prefiere. El teléfono de la Cooperativa de Taxis de San Ignacio es 154 00 14.
En lo alto del cerro
Este oasis es fruto de un río subterráneo cuyo torrente aflora al exterior. Tras represarse, se convierte en una hermosa laguna bordeada de tulares y carrizales con inmensos palmares datileros erguidos a sus lados. El camino desemboca casi dos kilómetros más tarde en la plaza central de pueblo adornada por frondosos árboles de la India. Imponente, sencilla y robusta se alza frente a ella la iglesia de la Misión de San Ignacio de Loyola.
Domingo Romero, el taxista que me ha venido a buscar, usa gafas oscuras, bigote canoso poblado y en su gesto se asoma alguna que otra arruga amable al volante del taxi nº 8. Nacido en San Ignacio hace poco más de 60 años y con manos curtidas durante más de 30 como pescador, se retiró del mar para trabajar en tierra conduciendo su Buick desde hace más de 20 años. Durante el trayecto me cuenta algunos datos acerca de la historia de la localidad: "Los indígenas que vivían aquí hace más de 300 años eran los cochimíes. El 19 de noviembre de 1716, el padre jesuita Francisco María Píccolo descubrió este oasis y decidió fundar la misión 12 años después con el apoyo del también jesuita mexicano Juan Bautista Luyando. Tardó en terminarse de construir 70 años". La Misión de San Ignacio es sin duda una de las más bellas de Baja California Sur. Saliendo por el pórtico de su derecha uno recala en un relajante patio de tierra poblado de naranjos.
Lo más llamativo del lugar es la extremada quietud y el silencio que se respira en sus angostas calles. Me intrigaba conocer el pasado de San Ignacio y Domingo me llevó al lugar idóneo para hacerlo: La casa de Jane Bames, conocida por los lugareños como Juanita, la actual dueña de la Casa Lereé (615 154-0158 / janebames@prodigy.net.mx / www.prodigyweb.net.mx/janebames). Ésta fue la primera casa de huéspedes de San Ignacio y es fácil de reconocer ya que está pintada de color azul cielo. Para seguir con la hospitalaria tradición, Juanita alquila tres bonitas habitaciones con estacionamiento incluído dentro del portón:
- La Hermosa (650 pesos): Una suite con una recámara con cama de matrimonio y un catre además de otro cuarto con cama matrimonial, baño privado y acceso a la cocina de la casa.
- Piso rojo (350 pesos): Pintoresca recámara pequeña con cama matrimonial, sanitario y lavamanos. Sus puertas dobles abren hacia el jardín bajo hermosas bugambillas.
- La cocinita (350 pesos): Hermoso cuartito con cama matrimonial que abre sus puertas al jardín.
La Casa Lereé ofrece también al huésped una curiosa librería con ejemplares de la literatura latinoamericana a la venta así como algunos objetos de artesanía. Juanita vive en la localidad desde hace algo más de tres años y se ha encargado de recopilar libros, objetos, juegos infantiles, dibujos, fotografías y recuerdos plasmándolos en un libro con la historia del pueblo. Mucha información ha brotado de la mente de Juan Jacobo Rousseau, un señor que supera los 80 años cuyos recuerdos han permanecido impolutos en su excelente memoria. Conversé con ambos durante una tarde y terminé jugando al juego de los aros, que símplemente consiste en encajar varios aros metálicos en tres palos colocados frente a uno.
Jacobo visita cada día la Casa Lereé y ayuda a Juanita a reconstruir algunos de los juegos con los que se divertían los niños del pueblo a mediados de siglo. Mi corazón y mi imaginación viajaron juntos deseando que ambos tuvieran una bonita historia de amor en los últimos años de su vida.
Al final de la tarde entré en la tienda Abarrotes Arnoldo, cuyas puertas dan a la plaza del pueblo, donde además de proveerme de agua estuve charlando un rato con el propio Arnoldo acerca de la historia de México y España. En la plaza todavía quedaban signos de las pasadas fiestas en honor del santo patrono que tienen lugar anualmente la última semana de julio. Música, jolgorio, carreras de caballos, peleas de gallos, bailes, feria y juegos pirotécnicos son algunos de los actos que se celebran y en los que uno se puede divertir. Antes de regresar al hotel, comenzó a levantarse repentínamente un vendaval importante.
¡Que llueve, que llueve!
En cuestión de minutos el cielo se cubrió completamente de gris, el viento rompía y lanzaba al suelo algunas ramas de los árboles y se desató el diluvio universal. Hacía más de 3 años que no llovía en San Ignacio.
En medio de la tormenta
San Ignacio es el lugar perfecto desde el que realizar excursiones para conocer los alrededores de la zona. En sus inmediaciones existen infinidad de atractivos: La Laguna San Ignacio, refugio nacional de la ballena gris; espacios para practicar la pesca deportiva, el surfing y el buceo.
Un lugar que no se puede dejar de visitar es la espectacular Sierra de San Francisco donde existen yacimientos de pinturas rupestres prehispánicas inscritas por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Para visitarlas es necesario contactar con las oficinas del INAH, anexas a la misión, donde se obtiene el reglamento y los permisos correspondientes. Si se prefiere dejar el papeleo a un operador, la agencia más seria de la localidad para contratar un tour es Kuyimá, situada en una de las esquinas de la plaza central.
Junto a las oficinas del INAH se encuentra un pequeño museo donde te explican mediante paneles y fotografías los antecedentes históricos de la cultura cochimí y el significado de sus obras pictóricas. Todo apoyado por una maqueta a tamaño natural que representa el techo pintado de una de las cuevas.
Mi visita a este hermoso pueblo se tradujo en paz para el espíritu y una relajante belleza para mis ojos. Punto obligado de parada en tu futura visita a Baja California Sur.
Un viaje a través del continente americano de Prudhoe Bay (Alaska) a Bahía Lapataia (Ushuaia, Argentina). 32.424 kilómetros de caminos, pistas y vías asfaltadas componen la carretera panamericana.
Si estás interesado en sponsorizar el proyecto, ofrecer alojamiento o simplemente conocernos en algunos de los puntos del recorrido ponte en contacto conmigo:
Kilómetros recorridos
MAR
·Lancha/Bote/Cayuco = 570
·Barco/Ferry/Catamarán = 429