29 julio 2006

Vancouver (Columbia Británica), CANADÁ. Km 7176


Canadá es un país enorme. Para cerciorarse de ello no hay más que ver las tremendas distancias que hay entre sus ciudades más importantes. Dicen que muchos de los canadienses tienen un marcado antiamericanismo debido a la presión de Bush sobre su actual gobierno y la actitud servil de éste. Esta viñeta resume con sorna esta situación.

El pasado lunes subí en el autobús de Greyhound a las 13:30 del mediodía. Objetivo: Llegar a Vancouver sin desfallecer en el camino. Y es que un servidor se metió entre pecho y espalda (más bien esta segunda zona resultó más afectada) cerca de 41 horas metido en una lata metálica con ruedas.

Afortunádamente para los que tienen incontinencia urinaria, el trayecto entre la capital del Yukon y la Columbia Británica está plagado de cortas pero numerosas paradas. Cinco horas después de salir de Whitehorse, el autobús se detuvo unos 45 minutos en Watson Lake. Esta diminuta población que debe su nombre al trampero británico Frank Watson no tendría ningún interés turístico de no ser por su original bosque de letreros/señalizaciones. Una colección de más de 55.000 letreros de todas partes del mundo que comenzó en 1942 cuando al parecer un desconocido colocó un cartel que rezaba: "Danville, Illinois".

Durante el camino, el paisaje mantiene un tono verde y marrón debido a la infinidad de píceas -tipo de pino delgado y alargado- que pueblan las tierras de la Columbia Británica. Entre tanto verde a veces la vista se alegra con algún que otro lago cristalino. Fort St. John, Fort Nelson, Dawson Creek o Prince George... son las poblaciones más importantes entre semejante extensión de bosque. Salvo que a uno le apetezca detenerse en alguno de sus parques provinciales, no merece la pena perder el tiempo en esta zona de British Columbia. Solamente si uno quiere hacer uno de los mejores recorridos del mundo en canoa, tendrá que acercarse a Bowron Lake, cerca de Prince George. Se trata de una ruta circular de 116 kilómetros que pasa por 10 lagos y varios ríos rodeados de bellas montañas. Si uno se lanza a hacerlo le llevará entre 6 y 10 días.

Durante las primeras 18 horas de viaje me resultó prácticamente imposible conciliar el sueño. Por un lado el asiento no era excesivamente espacioso y por otro, cuando estabas a punto de dormirte, el conductor te avisaba por megafonía de la oportuna parada. Aquello parecía una sesión de torturas. Antes de llegar a Dawson Creek disfruté de uno de los mejores momentos del viaje, ver a esta nutrida manada de búfalos pastando tan panchos a ambos lados de la carretera.



El resto del viaje se resume en alguna que otra cabebezada, subir y bajar del autobús, entrar y salir del baño, beber zumos, dormir poco, comer peor y durante la madrugada del martes al miércoles estar cagado mirando como conducía uno de los chóferes zumbados que nos tocó entre Prince George y Kamloops. El miércoles 19 de julio llegamos a Vancouver a las 6 de la mañana. ¡Prueba conseguida! Tomé un taxi hacia el hostal HI Vancouver Downtown (1819 Burnaby Street) que pertenece a la Red Internacional de Albergues. Habitualmente en Canadá la hora de Check-out es a las 11 de la mañana, con lo cual me tiré 5 horas sentado en un sofá esperando a que liberaran la habitación. Aunque el hostal no estaba mal, a la mañana siguiente decidí mudarme al HI Vancouver Central (1025 Granville Street), también de la red Hostelling International con sus pros y sus contras. Pros: Más céntrico, bonito, si quieres marcha sales a la calle y la tienes y servicio agradable. Contras: No hay placas para cocinar y si estás en el primer piso, de jueves a sábado te toca soportar el ruido de la discoteca que hay debajo. Y cuando digo ruido -por experiencia propia- es escuchar al DJ diciéndote al oído que no dejes de bailar mientras tu quieres sobar y tu cama retumbando a golpe de bombo.


Aerotaxi despegando desde la bahía de Vancouver

La leyenda "Beautiful British Columbia" figura en las matrículas de esta región. Aunque parezca presuntuoso está muy acorde con la realidad. Y es que la Columbia Británica es cuatro veces mayor que el Reino Unido y tiene unos paisajes tan variados y variopintos que quitan el hipo. Según cuenta la Lonely Planet, el escritor Samuel Johnson dijo una vez: "Si estás cansado de Vancouver, es que estás cansado de la vida". Y puede que tenga razón. A pesar de la humedad de más del 80% en verano, el aire cosmopolita y ambiente relajado (si obviamos la cantidad de homeless y drogadictos que deambulan por sus calles), Vancouver parece a primera vista un lugar ideal para vivir una temporada.

Nada mejor que un gran paseo por la ciudad para desentrañar sus secretos, virtudes y miserias. En mi camino me encontré Hills, galería de arte nativo muy interesante para conocer que Norteamérica tiene más historia de la que uno imagina. Continué rumbo a Gastown, germen de la actual Vancouver por obra y gracia de John Deighton, alias Gassy Jack, marinero inglés que llegó a estas tierras a principios de 1880, fundó el hotel Deighton House donde ofrecía al público un espectáculo de monólogos al estilo del Club de la Comedia. En este barrio se encuentra situado este reloj de vapor que marca los cuartos y horas en punto con unos musicales acordes, aunque se dice y se cuenta que ya solamente funciona con electricidad. No muy lejos de ahí encontré Angel Fabric Paint, una curiosa tienda de ropa customizada regentada por Jackie Haliburton, artista de Vancouver cuyos infantiles diseños ha comprado gente como Steve Tyler (cantante de Aerosmith), Antonio Banderas o Uma Thurman.


Uno de los puestos de alimentos en el barrio de Chinatown

No podía dejar de visitar el barrio de Chinatown, uno de los tres más grandes de Norteamérica según las guías de viajes, aunque también lo dicen del de San Francisco. Allí me topé con el lugar ideal para terminar el día y disfrutar de un remanso de paz: el Jardín Clásico Chino del Doctor Sun Yat-Sen, el único jardín de este estilo construído fuera de China. Un equipo de 52 expertos provenientes de la ciudad de Suzhou tardaron cerca de 2 años en contruir este "refresco para el corazon" -como dice su folleto- basándose en la filosofía taoísta del ying y el yang. Todo se equilibra, la luz y la oscuridad, lo áspero con lo suave, lo pequeño con lo grande...

El sábado alquilé una bicicleta en Bayshore para recorrer los cerca de 11 kilómetros del circuito para cicloturistas que rodea el extenso Stanley Park. Pero antes había que recargar las pilas con una comida energética.


Pizzeando

Stanley Park es uno de los parques urbanos más grandes de Norteamérica (mira que son pesados con eso de ser el más mega, ultra, super, maxi del mundo). 404 hectáreas de superficie verde, carril bici y persona, tótems, praderas donde la gente juega a cricket, playas con cargueros al fondo, piscinas... El delirio para salir de la ciudad y sentirse en el campo. Como hacía tanto calor, había que refrescarse. Siento no poder ofrecer imágenes del momento; mi ayudante de cámara imaginario no pudo materializarse en un ente físico.


Fresquitooooo

Para sentirme parte una serie de esas americanas, teniendo ya el escenario ideal, tan sólo me faltaba el walkie-talkie y algún que otro abdominal. De esta manera no desmerecería en absoluto con los bicipolicías de California.


Iosu Croket, el bicipolicía de Vancouver Vice

Antes de continuar os dejo con un breve consejo comercial.


Dakine, sponsor de Ruta Panamericana

VIDEOIOSING, CREANDO ESCUELA

La mayoría de vosotros habéis visto mis intervenciones ante la cámara y... no es que sean nada del otro mundo. Uno hace lo que puede. Sin embargo, aunque no están circulando tanto por la red como los vídeos de Where the hell is Matt, parece que entre mis acólitos estoy creando escuela. Para muestra, un botón.



Por orden de aparición Gonzalo, Pizá, Bea, Patri y Espinós. Como dice la canción de Amaral..."sooooon mis amigooooosssss, por encima de todas las cosaaaaaassss", así que no se lo tengáis en cuenta. Aunque, objetivamente, como creador de este singular estilo comunicativo, debéis refinar vuestro estilo en los movimientos de cámara. Los gestos y el lenguaje están más o menos correctos aunque la música de fondo que, no sé si es de Documentos TV o Informe Semanal, sobra. El artificio de utilizar una gorra como atrezzo es bastante gracioso como parodia u homenaje al inventor de este estilo.


Bea, Gonzalo y Cristina practicando en videoiosing

En esta segunda entrega podemos percibir una notable mejoría en el manejo de la steadycam aunque el discurso está un tanto inconexo (Gonzalo, seguro que cuando corriges tus prácticas pones cosas de este tipo). Que os voy a decir... que sois la leche y que os quiero un montón!!!!!!. Al resto de internetvidentes os animo a participar el Concurso Videoiosing. Cuelga tu video en Youtube o enviámelo al mail. El ganador/a recibirá un regalo exclusivo del aventurero Livingstone. Por cierto, un detalle, para que veáis lo perfeccionista y colgado que estoy, llevo media hora copiando letras con acentos para que no falte ninguno porque este teclado americano no me deja ponerlos.

DE FRONTERA a FRONTERA y TIRO PORQUE ME TOCA

No voy a cruzar la frontera a nado. Lo haré en autobús. Vancouver se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con Estados Unidos, a unas 4 horas de Seattle, en el vecino Estado de Washington. Según he leído en varias guías, los trámites para cruzar la frontera suelen ser bastante tediosos. Cruzo los dedos para que no sea así. Proxima estación: San Francisco. Mientras llega ese momento, aquí os dejo unas instantáneas de mi visita a esta magnética ciudad.


Fotos VANCOUVER



20 julio 2006

Whitehorse (Yukon), CANADÁ. Km. 4617



Después de 17 horas de viaje -salí a las 9, llegué a la 1:30-, cruzarnos literalmente en la carretera con un oso marrón y un alce y alucinar con este Arco Iris en el Klondike Lake, dormí en Beez Kneez Bakpakers, un hostal muy mono pero cuya dueña Callin me cayó como el culo. Así que a la mañana siguiente decidí moverme y cambiar a uno muy cercano Hide on Jeckell (situado en la calle Jeckell, así que no se han comido mucho el coco para ponerle nombre). El hostal está regentado por un par de suizos/alemanes en el que uno se siente como en casa. Tiene su estantería con cientos de libros para intercambiar, montón de CDs para poner música a tu gusto, están concienciados con el reciclaje con un montón de cestas en la cocina para guardar papel, plástico, cristal, compost, aluminio... y, parece mentira que lo diga, pero se agradece que no tengan televisión. Las habitaciones se dividen por continentes y las literas tienen un distintivo con la foto de un animal. Yo estoy en Australia y me ha tocado ser la tortuga de las Galápagos, un gran acierto teniendo en cuenta la lentitud con la que siento que estoy avanzado estos días.

Tras un sueño reparador -interrumpido por algún que otro ronquido-, la tarde del jueves la dediqué a comprar comida, acudir a la oficina de correos e indagar acerca de precios y opciones de bonos en la compañía de autobuses Greyhound. Disponen del Discovery Pass -un bono estilo interraíl- con 7, 15, 30 ó 60 días por un precio de entre 329 y 750 dólares. Ideal para viajar por Canadá, Estados Unidos y una zona reducida de Méjico si no quieres dejarte tu presupuesto sólo en el transporte.

MUSHING

Como ya os he comentado en alguna ocasión, Whitehorse es el punto de partida de la Yukon Quest, carrera de trineos tirados por perros con unos 1600 kilómetros de recorrido que finaliza en Fairbanks. Aprovechando que me encontraba en Whitehorse, me pasé por su oficina y concerté una entrevista con su manager Stephen Reynolds para el día siguiente.

Una vez hecha la entrevista, me vino a buscar a la estación del White Pass & Yukon Railroad -tren turístico que une Whitehorse con Skagway (Alaska)-, la mujer de Frank Turner, uno de los mushers más importantes de la ciudad. Ambos regentan Muktuk Adventures, empresa que han montado con el objetivo de acercar al público en general esta disciplina deportiva. En el camino hacia la casa que tienen a las afueras de la ciudad, la mujer de Frank me contó que había pasado unos años de su infancia en Madrid durante la década de los 50.



Su padre, un tipo muy culto que habla 7 lenguas y que ahora "está estudiando a fondo el euskera", trabajó como profesor de idiomas en varias embajadas de la capital. Sus recuerdos de aquella época están un tanto borrosos, pero la señora Turner recordaba con absoluta claridad un día que fueron a comprar huevos. Debido al racionamiento de alimentos de la época, ella compró dos y su padre otro dos. En el camino hacia casa, se le cayeron al suelo los suyos y la gente que pasaba en ese momento por ahí montó un revuelo estruendoso. Salió corriendo asustada. Tened en cuenta que perder un alimento tan básico de semejante manera era peor que ver fusilar a 100 republicanos. ¡Cómo ha cambiado España!

Hay personas que se complican la vida y las hay que se lo juegan todo a lo que decida una moneda. Frank creció en Toronto en una familia de clase media. Un buen día decidió que era el momento de levar anclas, cambiar de aires y trasladarse a un nuevo lugar. Pero... ¿a dónde? Junto a su mejor amigo decidieron que la mejor manera era echarlo a suertes. Una moneda de 1 dólar decidiría por ellos; cara (Yukon), cruz (Méjico). Ganó Frank.


104 perros de trineo

Esta visita fue una de las más emotivas de lo que llevo de viaje. Frank sabía transmitir con pocas palabras lo que un musher siente por su perros y las dificultades de este deporte extremo en pleno contacto con la naturaleza. Así, no fue difícil entender por qué a pesar de tener casi 60 años, pudiendo dedicarse a la vida contemplativa y gestionar su empresa, el próximo mes de febrero participará en la Yukon Quest por vigésimo-tercera vez sufriendo temperaturas de más de 20 grados bajo cero. El mushing es un estilo de vida marcado por un acentuado amor a los perros. Frank nos quiso dejar muy claro que "los perros de trineo no dejan de ser animales, con un aprendizaje doméstico pero con un lado instintivo impredecible. Es muy importante cuidar de ellos, ser un equipo en el que haya confianza. si das el 100% ellos también lo harán". Faltaba que nos lo hubiera dicho para que, casualidades de la vida, después de un paseo por el río con 8 de sus perros uno de ellos matase frente a nuestros ojos a uno de sus dos gatos con el que llevaba viviendo desde hacía 10 años. En ese instante comprendí el dolor que puede llegar a sufrir una persona cuando se muere uno de sus animales.


La rueda perruna

Whitehorse, actual capital del Territorio del Yukon tras haberlo sido con la fiebre del oro Dawson City, es el término municipal más grande de Canadá a pesar de tener tan sólo 28.000 habitantes. Durante la Segunda Guerra Mundial su aeropuerto desempeñó un importante papel estratégico. El centro de la ciudad se puede visitar a pie sin mayor problema. Entre sus mayores atracciones se encuentran el S.S. Klondike, barco construído en 1937 que realizó su última travesía por el Río Yukon en 1955 y que ahora es monumento histórico nacional, la fábrica de cervezas Yukon Brewing que elabora las populares Yukon Gold, Arctic Red, Yukon Lead Dog y Sourdough Ale o el Centro de Interpretación Beringia, área que durante la última Edad del Hielo abarcaba Yukon, Alaska y el este de Siberia.

ENTRE LUNNIS y LATINOS

Desde pequeño he conocido a los Looney Tunes por televisión pero lo que no me esperaba era que, en una lavandería atendida por una extraña señora hindú con la cual confirmé que todos los indios hablan como Apu de los Simpson, iba a aprender que en Canadá también tienen parientes. Resulta que a las monedas de 1 dólar les llaman Loonies y a las de 2$, Toonies.

Un día antes de irme recibí en el hostal una llamada inquietante. Danielle Rechstein, periodista francesa afincada en Whitehorse desde hace 20 años, se puso en contacto conmigo ya que Stephen Reynolds (manager de la Yukon Quest) le había avisado que un periodista español se encontraba en la ciudad. Además de trabajar para el Gobierno de Yukon, Danielle realiza de manera altruista la publicación para emigrantes latinos llamada Northern Latino. Lo más curioso de todo es que quedamos para tomar un té y yo no sabía muy bien para qué. Mientras degustábamos una deliciosa sopa calentita de ternera, me percaté de que mi papel como periodista en aquel instante se había transformado en el de entrevistado. ¡El primer medio que se hacía eco de mi viaje!·Supuestamente apareceré en el número de agosto.

HOSTAL MULTICULTURAL

En el hostal compartí habitación con un etíope que había vivido en Zambia, estudiado en la India y emigrado a Estados Unidos donde, tras 12 años en el país de las oportunidades, le habían dado la patada en el trasero para que regresase amistósamente a su país. Decidió probar suerte en Canadá y logró obtener la visa de trabajo. Dientes brillantes, pequeña gafitas y la piel del color de la ceniza. Hablamos de países, gente, culturas y racismo. En una ocasión, me contó que cuando vivía en un pueblo de Mississippi, estaba limpiando su coche cuando pasó al lado un coche con 3 afroamericanos y la radio con rap a tope. El vehículo se detuvo, uno de ellos se bajó, se le acercó y le dijo: "Oye man, ¿tú qué eres?".

En este hostal volví a experimentar lo que es no dormir durante varias horas gracias a los ronquidos de un gordo brutal, degustar un exquisito plato de vegetales y pasta con queso ucraniano cocinado por un asiático afincado en Vancouver y probar un pastel con crema de bourbon hecho por un camionero de Connecticut. Allí también conocí a Eva, psicóloga nacida en un pueblecito de Gerona, que está viajando por Yukon y la Columbia Británica durante 4 meses y con la que compartiré viaje hacia el sur de Canadá durante un buen puñado de horas.


Fotos WHITEHORSE



19 julio 2006

Fairbanks (Alaska) - Whitehorse (Canadá) por la Alaska Highway



Mi siguiente destino tras regresar de Prudhoe Bay era avanzar desde Fairbanks (Alaska) a Whitehorse (Canadá). 980 kilómetros que recorrí en un minibús de Alaska Direct Bus. Salimos a las 9 de la mañana el señor conductor y yo. Cosa que me hizo pensar, aún en mi somnoliento estado que, o no viaja nadie en autobús o tengo más potra que el jorobado de Nôtre Dame (o... era joroba). Aproveché el espacio (dos asientos, tampoco creáis que aquello era el supercolchón Flex) para dormir como un bendito. Cuatro horas después, hacia la una del mediodía llegábamos a Tok. Aquí paramos para comer -me hice un sandwich de jamón serrano que digerí en la zona friki de la lavandería mientras leía una revista de armas en la que encontré este explícito anuncio- y cambiar de autobús. Un bus hace el recorrido entre Fairbanks y Tok -unas 4 horas- y el otro entre Tok y Whitehorse -alrededor de 8-. Así que espero que al segundo le paguen más por meterse entre pecho y espalda 16 horas de carretera en un sólo día. ¡Y luego dicen que los vascos son unos sobrados!

El Michael Knight de Alaska Direct Bus se llamaba Dave. Volvía a viajar solo como el rey de Roma. Nombrar Estados Unidos fue el inicio de una larga conversación acerca de lo gilipollas que son los americanos, los gordos que están, lo mal que comen... así que mi gozo en un pozo. Yo le daba palique y Dave se encendía con su antiamericanismo. No me fijé si usaba sonotone pero mientras hablábamos la música sonaba a toda tralla. El repertorio a la altura de un buen melómano estancado en los 60: Santana, Grateful Dead, blues del Mississippi... porque como decía "solo me gusta lo antigüo".

Su lado más humano fue saliendo a flote a medida que pasaba el tiempo con un recital de eructos (lástima no tener prueba sonora), rascada de entrepierna sin miramientos y para rematar su poderoso "arte", le concedí el premio al acto ecológico del día cuando al terminar de comerse un helado de palito, abrió la ventanilla, dijo algo así como "está rico este heladito" al estilo Homer Simpson y lo tiró a tomar por culo.

Por otra parte, su lado más romántico fue decirme que los últimos 4 años se iba varios meses a Tailandia y demás países asiáticos a viajar con el dinero que ahorraba. Como buen investigador vital, divorciado y con 4 hijos, aunque no se daba a la bebida como muchos europeos y americanos, si que buscaba la compañía de una bella señorita. Pero... eso no era prostitución, "allí es distinto, no hay tantos prejuicios, el sexo es algo natural". Vamos, que intentaba convencerme de que la muchacha que se pasa un mes con él y lo hacía por su cara bonita. A pesar de todo Dave era un gran tipo. Como íbamos solos, aquello era realmente curioso, dos colegas repartiendo periódicos y haciendo cosas tan ridículas como traducirle en este caso yo, con mi cutringlés, el estribillo de una canción de Santana: "Oye como va, mi ritmo, que nos vamos ya, mulaaata". Quedó algo así como "Hey, how´s going, you like my rythm, woman in blaaack and whiiiiite".

EL COLOCÓN FRONTERIZO

Nos aproximábamos a la frontera y me empezaba a poner nervioso por si me tocaba algún agente de aduanas de la Policía Montada un tanto estúpido. Y así fue. Me tocó la china, una señora gordita, ruda y de mal carácter que me asedió a preguntas; dónde vas, de dónde vienes, cuánto tiempo vas a estar en Canadá... le faltó preguntarme mi número de zapatillas y si uso hilo dental. Dave, con su pinta de Walker Texas Ranger retirado, relajó la situación un poco más tarde en la furgoneta contándome que cuando era joven, vivía en Beaver Creek, pueblecito situado en plena frontera. Uno de los veranos encontró trabajo como limpiador de maleza de ambos lados de la carretera en el tramo antes de llegar a la frontera. Y para su sorpresa allí se encontraron de todo: hachís, bolsas de marihuana, pistolas, pastillas... Le inquirí a ver si se llevó algo a casa y me salió por la tangente.

OBRAS Y CALENDARIOS

No puedo dejar de contaros una anécdota divertida. En medio del camino nos detuvieron por unas obras en la carretera. Se acercó a nuestra furgoneta una simpática y atractiva chica -llamémosle La Chica del Stop-, que se encargaba de parar el tráfico. Dave, tras charlar un rato con ella, tuvo una brillante idea de negocios. Sin miramientos, le preguntó a la moza qué le parecía la idea de hacerle unas fotos en bikini posando con la señal de stop para incluirlas en un calendario en el que aparecieran las chicas que trabajaban en la carretera. "Los conductores estamos ya aburridos de ver tantos animales salvajes en el camino", sentenció Dave. La chica toreó la situación con mucho arte y continuamos nuestro viaje.

LA SUPERABUELA y EL CICLISTA SOLITARIO

En una de nuestras miles de paradas para entregar el Anchorage Daily News (Luquitas, estos listillos os birlaron el dominio de la web) y el Fairbanks Daily News-Miner, nos detuvimos en una destartalada gasolinera contruída en madera con dos viejos surtidores de gasolina. En su interior reposaban miles de fósiles y talabartes de toda clase dispuestos de forma caótica. Los dueños del lugar me contaron la increíble historia de una señora inglesa, de unos 60 años, que había pasado por allí hacía 5 días. La superabuela -como pasé a denominarla- venía desde Galés corriendo tirando de una especie de carro con ruedas a sus espaldas (cual mulo del carro de Manolo Escobar) donde debe llevar ropa, alimentos y su tienda de campaña. Su objetivo: Dar la vuelta al mundo en un período de 2 años. De momento había atravesado todo Europa, la gélida Siberia y China en una de cuyas etapas se debió romper la costilla y no acudió al médico. Según me comentaba uno de los señores, él mismo había tocado su costilla fracturada ya curada que "sobresalía con un pequeño bulto". A su lado, mi viaje es un tour por Madrid en el turístico autobús rojo de dos pisos. Intenté localizarla para hacerle una entrevista pero no la encontré.

No es la única propuesta de viaje sorprendente. Entre los aventureros que me he cruzado por el camino no puedo olvidarme de Dominic Gill, británico de casi 30 años que se encuentra realizando el mismo recorrido que yo pero en tándem. Lo curioso de su aventura es que viaja solo y busca gente que se suba con él y le acompañe durante alguna de las etapas de su recorrido. Así reza el lema de su aventura: "Recorriendo América en bicicleta en busca de compañía" (Take a seat). Nos cruzamos un par de mails con la intención de subirme a su tándem pero no nos conseguimos encontrar.

Otro par de fenómenos son Philippe y Miriam, simpática pareja de arquitectos, él de Suiza, ella de Alemania, que salieron hace algo más de 2 años desde Ushuaia en bicicleta, se detuvieron un año en Méjico para trabajar y aprender español (divertidísimo oirles hablar con expresiones mejicanas) a quienes me encontré en Fairbanks a punto de terminar su recorrido en Prudhoe Bay.

Estos son algunos de los momentos que me ha proporcionado la Alaska Highway, carretera que comienza -depende desde donde se mire- en Fairbanks (Alaska) y finaliza 2400 kilómetros más tarde en Dawson Creek (Canadá). Pero..., lo que queda por contar del resto del trayecto es otra historia.



15 julio 2006

Prudhoe Bay, ALASKA. Km. 2843



Sin duda, mi viaje hacia Prudhoe Bay desde Faibanks ha sido la mayor paliza que me he pegado en lo que llevo de ruta panamericana. 16 interminables horas subido a bordo de una furgoneta operada por la compañía Dalton Highway Express (clavadón de 422$ por ir y volver en una furgoneta de no más de 7 personas), manejada con maestría por nuestro conductor Matthew gracias a algún que otro chute cafeínico. Y es que conducir 16 horas seguidas y al día siguiente volver a desandarlas no es moco de pavo. El tío se metió entre pecho y espalda 4 vasos gigantes (tipo supermegamaxi del Burger King) de café y un red bull. Lo que despertó en mí la curiosidad de si a nuestra llegada sobre las 10 de la noche se podría dormir. "Sin problema, leo un poco y enseguida me duermo", me contesta tan pancho. Vaya máquina.

Para llegar a Prudhoe Bay hay varias opciones. Ir con Dalton Highway Express, ir en avión, tomar un tour de 3 días con un par de agencias (te llevan por tierra a la ida y te traen de vuelta en avión), alquilar un coche con el riesgo de quedarte tirado en medio de la nada o lo que hice yo, reservar hotel, reservar tour y comprar el billete con Dalton Highway como os había dicho. Si lo volviera a hacer, sin duda regresaría en avión. Llamar carretera a la Elliot-Dalton Highway sería echarle demasiadas flores. Los 802 kilómetros de recorrido se resumen en algún que otro tramo de asfalto a tropicones, cientos de kilómetros de pista de grava y socavones a millones. Eso sí, el paisaje que te acompaña es estilo mastercard; no tiene precio.

El domingo salimos de Fairbanks a las 6 de la mañana. En la furgoneta iban conmigo Dick (jubilado del Sur de California que se había venido en coche desde allí para darse una vuelta por Alaska), el mendas y tres científicos jóvenes que se dirigían a un campamento de investigación que tiene instalado a orillas del lago Toolik la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF). Allí estudían los ecosistemas árticos y el cambio climático. Nuestra primera parada fue en Wildwood General Store, pintoresco lugar donde descubrí que, evidentemente, no era ni el primero ni seré el último en aventurarse a una hazaña de este tipo. Había que aprovechar para evacuar líquidos así que me dirigí a una de las letrinas. Para mi sorpresa en su interior tenía colgado un cuadro pintado horrendo y un cartel en el que se podía leer: "Imagínate esta letrina a 15 grados bajo cero". Por si acaso, mejor paso de probarlo.

El trayecto está salpicado de pequeñas paradas para tomar fuerzas, un refrigerio e ir al baño. Otra de ellas fue a orillas del gigantesco Río Yukon, que nace en el territorio canadiense que lleva su nombre y desemboca 3200 kilómetros después en el Estrecho de Bering (Alaska).


Vista del Río Yukon de camino a Deadhorse

Entre el campamento del Río Yukon y Coldfoot (le pusieron este nombre los primeros buscadores de oro en 1900 porque, sin haber llegado todavía el invierno, uno no podía dejar de tener los pies fríos), paramos 5 minutos en el lugar por el que se supone que pasa la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico, donde un par de días antes, un lobo había atacado a una chica de 25 años mordiéndole en el brazo y la pierna. Al parecer evitó la muerte gracias a que logró llegar a una pequeña cabaña y refugiarse dentro. Y es que Alaska es así. Vas tan tranquilo por la carretera con tu coche y de repente te puedes encontrar un oso grizzlie o un alce ahí en medio. La verdad, mola.

Una de mis mayores dudas era saber por qué lo que se supone que es una carretera que se dirige a un importante punto de prospecciones petrolíferas, con incesante tráfico de camiones... tiene un firme tan deplorable.


Uno de los muchos camiones con los que te cruzas durante el trayecto hacia Deadhorse

Una de las respuestas que obtuve fue que no interesaba que el turismo llegase en grandes cantidades a Deadhorse. Más tarde entendí porqué. Resulta que la pequeña población de Deadhorse, situada en la bahía de Prudhoe, no es más que un asentamiento temporal de containers, maquinaria, un pequeño aeropuerto, un par de hoteles montados con módulos prefabricados (Artic Caribou Inn y Prudhoe Bay Hotel) y decenas de naves industriales que abastecen a los cerca de 500 trabajadores de 5 grandes petroleras, entre ellas British Petroleum. Allí no hay nada que ver, incluso el acceso al tan ansiado Océano Ártico está prohibido al público. Tan sólo se puede pisar sus orillas y aventurarse a bañarse en sus gélidas aguas si se toma el tour de algo más de una hora y 37$, cuyo monopolio está en manos del hotel Arctic Caribou Inn.

Antes de llegar a Deadhorse vimos varios caribús, diversos tipos de aves y cuervos y más de 30 muscox -no he logrado traducir que son exactamente , pero parecen ser una especie de búfalos-. Cena rápida y al sobre, que al día siguiente finalmente iba a pisar el Océano Ártico.


Prudhoe Bay, punto de partida de la carretera panamericana

La mañana de lunes, tras una rutinaria comprobación de pasaporte, subí a un pequeño autobús con un conductor-guía que durante el trayecto nos iba explicando la utilidad de cada edificio por el que pasábamos. Imagináos que os dan un tour por un polígono industrial y os van contado que ahí los chinos importan matasuegras y en ese otro almacén fabrican rulos de plástico para peluquerías. Sinceramente, estaba tan sobado que hice poco caso a lo que decía el señor conductor.


Iosu en el autobús que te lleva a orillas del gélido Océano Ártico

No puedo describir en palabras lo que supuso para mí llegar a aquel lugar. Suponía subir el primer escalón de un largo viaje que se empezó a gestar 8 meses atrás pero que llevaba circulando por mi interior desde hacía muchos años. Infinidad de horas imaginando aquel inhóspito lugar y ahí estaba, a 0 grados, helado de frío y con el Océano Ártico frente a mí. Durante un cuarto de hora de silencio, se me pasaron un montón de cosas y sensaciones por la cabeza. Eché de menos a la gente que quiero, sentí una extraña sensación de felicidad contenida y, no pude olvidarme de la tierra que me vio nacer. De ese día guardo una muesca en el corazón.


Viva San Fermín, Gora San Fermín


Fotos PRUDHOE BAY



14 julio 2006

Chena Hot Springs, ALASKA. Km. 1951


Atendiendo a las reclamaciones de algunos de mis seguidores y tras tres días sin un acceso a internet como Dios manda (osea gratis, ¡no os imagináis la de dinero y tiempo me estoy dejando para conectarme a internet!), aquí va una nueva crónica del navarrico viajero. El pasado viernes, como os comentaba en mi anterior narración, me vino a buscar al hostal una furgoneta del balneario Chena Hot Springs. La señora que conducía, cuyo nombre no atino a recordar, me intruyó acerca de la vida en Alaska cuando uno vive prácticamente aislado en medio de los interminables bosques que hay por estas tierras. Durante el verano acostumbran a tener entre dos y tres trabajos (si uno es profesor, por ejemplo, también trabaja de conductor de autobús o camarero en otro lugar) además de aprovechar para hacer cambios en sus casas, arreglar el jardín y demás tareas difíciles de realizar durante la época invernal. Cuando las temperaturas descienden brutalmente a partir de septiembre, cambian sus costumbres y dedican el tiempo a leer, escuchar música, ver películas, esquiar y siguen el ejemplo de sus compañeros de habitat -los osos- y duermen tanto como el cuerpo aguante. Eso sí, también trabajan, pero sólo en su empleo habitual.

Una de las mejores cosas que tiene ser periodista -si te lo sabes montar bien- es que te inviten por la cara a todo tipo de lugares y actos diversos con la excusa de hacer una crónica o publicar un reportaje. Así que un servidor consiguió contactar por teléfono con Roger, el director de márketing del balneario -ya que me habían encargado un reportaje para Telecinco-, le expliqué mis intenciones y me he pasado un par de días a cuerpo de rey en un lugar inmejorable. He paseado por el monte, dormido por fin en una habitación gigantesca y confortable con dos camas de matrimonio, televisión y ducha para mí solo (todo un lujo si lo comparamos con los dormitorios comunes en los que he pernoctado los últimos días), visitado un espectacular hotel construído completamente con bloques de hielo y disfrutado de ricas comidas (halibut, salmón y demás suculencias).


Siguiendo la estela de los hermanos Swan

Después de darme una vuelta de reconocimiento por el balneario y el Aurora Ice Hotel con Roger, llegó el momento de probar la calidad de sus aguas termales. Chena Hot Springs es un lugar muy agradable y tranquilo en verano pero más aún en invierno cuando a más de 15 grados bajo cero uno puede bañarse en sus aguas y disfrutar de espectaculares auroras boreales. Sino que se lo digan a los cientos de japoneses y coreanos que vienen cada año en manadas con sus cámaras de fotos para estarse toda la noche a la intemperie gastando carretes como posesos. En invierno, cuando sales del agua, se te forma rápidamente una ligera costra de hielo sobre la piel debido al contraste de temperatura y el pelo se te hiela quedándose con el aspecto del que tenía pumuki. Nimiedades si tenemos en cuenta que uno está metido en el Rock Lake con su agua curativa bien calentita a más de 40 grados en la que uno se siente -como dijo en su día Ortega Cano- taaaannn agustiiiiiitooooo.


Rock Lake

Entre las múltiples actividades que te ofrece el balneario, está la posibilidad de conocer muy de cerca el mundo del mushing (arte del trineo tirado por perros), deporte muy popular por esta zona y que en inverno tiene dos importantes competiciones en condiciones extremas como la Iditarod (entre Anchorage y Nome) y la Yukon Quest (entre Whitehorse y Fairbanks), con 1850 y 1609 kilómetros de recorrido respectívamente. El cuidador de los perros me enseñó cómo los entrenan, su alimentación, aprendizaje... y me dio una vuelta en una especie de trineo-carrito con ruedas tirado por estos simpáticos animalitos. La zona de mushing es como la Academia de O.T., por un lado están los perros con experiencia (como si fueran los miembros del jurado) y por otro los aspirantes a correr como locos tirando de un trineo, que son éstos tan majetes.


Los nominados a ser perro de trineo son...

Otra de las monerías que había en el lugar es esta preciosa perra Husky o Alaska Malamute, no estoy muy ducho en la materia, que acababa de ser madre de una numerosa camada hace unos pocos días.


¡Qué linda perrita!

Tras el baño reparador, el viernes por la noche cenamos en un salón especial con la compañía de dos reporteras americanas, el encargado de visitas, Roger (jefe de márketing y ventas) y Lalo, un chico mejicano encargado del equipo de limpieza del balneario. Lo más gracioso de la noche fueron las anécdotas que contaba Roger y la traducción simultánea en español de Lalo, no sólo por su contenido sino porque ambos eran unas locazas que no veas. Imagináos a las drag queens Diossa y Malizzia sin maquillar y sin esos vestidos extravagantes, hablando en inglés y diciendo expresiones del tipo las auroras borealas son padrísimas en plan locaza mejicana. Me partía de la risa.

El sábado tocaba trabajar en el reportaje del balneario. Durante casi tres horas estuve grabando imágenes en el Aurora Ice Hotel, edificio contruído con aproximádamente 15 toneladas de hielo, con una temperatura interior de 5 grados bajo cero, en el que uno puede casarse en su capilla (sí, hay gente que lo hace), dormir una noche para celebrar tu luna de miel en una de sus gélidas habitaciones (elección un tanto equivocada si uno pretende tener sexo con su pareja y que la pasión no se vea perjudicada como me decía Roger) o tomarte un pelotazo con sabor a manzana en una copa esculpida en hielo en el Stoli Ice Bar mientras te vierten el vodka desde un pez helado. Allí entrevisté a Steve Brice, uno de los escultores de hielo más importantes de Alaska, y me quedé con los pies más helados que un témpano.

El resto de la jornada lo pasé grabando imágenes del balneario, vi un alce a menos de 15 metros cerca de mi habitación, tomé mi último baño en el jacuzzi termal y entrevisté a Bernie, director del centro termal. No sólo es un simple empresario, este señor ha conseguido crear una turbina que convierte la energía geotermal en electricidad y muy pronto logrará autogestionar la energía del complejo. Todo un invento revolucionario que será inaugurado el próximo 1 de agosto por el Secretario de Energía del Gobierno de Bush nada más y nada menos.

Gracias a sus estudios de científico loco -al estilo de Regreso al Futuro- y a la energía geotermal, Bernie ha conseguido tener un invernadero con cuatro o cinco variedades nuevas de tomates y patatas durante todo el año (incluso a 20 bajo cero), logra mantener heladas las 15 toneladas de hielo del Aurora Hotel por tan sólo 11 dólares al día (antes le costaba con electricidad 1000 dólares diarios) y está desarrollando un sistema capaz de proporcionar energía a los vehículos. Según me comentaba, desde Chena Hot Springs podría lograr mantener el gasto energético diario de todo Washington D.C. Ya se lo decía su madre de pequeño: "Hijo, si puedes hacer algo interesante en tu vida, por muy extraño que parezca, hazlo, no hagas el estúpido como el resto". Sabiduría materna.


Fotos CHENA HOT SPRINGS



07 julio 2006

Fairbanks, ALASKA. Km. 1861



Me encuentro varado en una ciudad sin mayor interés. Quería haber salido hace un par de días rumbo a Prudhoe Bay, en el norte de Alaska, pero no había plazas en el único autobús que llega hasta el fin/principio -según se mire- del mundo. Fairbanks es una pequeña población situada en el centro de Alaska con algo más de 28.000 habitantes y que nació a orillas del río Chena por obra y gracia de las hordas de mineros que vinieron a principios de siglo durante la fiebre del oro. Por eso aquí la denominan "The Golden Heart of Alaska" (El corazón dorado de Alaska). Salvo un viejo barco de esos que tiene una rueda gigante y te da un largo paseo por el río, un museo de arte nativo y un par de minas de oro que puedes visitar y en las que probar suerte, no hay mucho más que ver. Uno de los mayores atractivos de este lugar es asistir a una exhibición de mushing (trineos tirados por perros) cuyas competiciones en invierno como la Iditarod -más de 1500 kilómetros de recorrido- congregan a cientos de participantes y miles de seguidores.


Con la casa a cuestas

El viaje entre Denali y Fairbanks trancurrió con absoluta normalidad; alguna que otra cabezada e interesantes conversaciones con Denise, la conductora de la furgoneta. Durante el año, Denise es maestra de inglés en una base de la fuerza aerea norteamericana y en el verano realiza este trabajo para sacarse un sobresueldo. Según me cuenta, Alaska es un lugar estratégico para los yankis. Algo que queda pantente si te fijas en que tienen tres grandes bases militares con miles de soldados para proteger sus reservas de petróleo y marcar posiciones debido a la cercanía con Rusia.

EL HIELO JUSTO

Hacemos parada en una gasolinera de Nenana, pueblecito a orillas del río del mismo nombre, para tomar un tentempie. Fijaros lo aburridos que están en este lugar que al finalizar cada verano resucitan el juego de nuestro querido Joaquín Prat (El Precio Justo) a su manera. Me explico. Antes de que llegue el crudo invierno con temperaturas de menos de 5 grados bajo cero, organizan el NENANA ICE CLASSIC que consiste en lo siguiente. Compras un ticket por 2.50$ y haces tu apuesta. Debes adivinar qué dia, hora y minuto el hielo del río se resquebrajará. Para saberlo, introducen en él una especie de tripode gigante pintado con franjas blancas y negras que posee un sensor y una alarma. Cuando la masa de hielo comienza a moverse, la alarma suena y vuelven a montar una gran fiesta. En la pasada edición 8 fueron los afortunados al romperse el hielo el 2 de mayo a las 17:29 y se repartieron algo más de 300.000 dólares.

El alojamiento en el que estoy durmiendo en Fairbanks (GoNorth Hostel), como podéis comprobar en la galería de fotos, es excelente. Eso si quitamos que está plagado de mosquitos chupópteros que me han sorbido la sangre y que los somieres de las camas más que estar hechos de metal parecen de chicle. He compartido barracón con Phill, británico de Manchester de unos 40 años y carpintero de profesión, que ha llegado hasta aquí atravesando todo Estados Unidos en moto partiendo de Nueva York, lugar al que volverá de nuevo en moto. ¡Toma geroma, pastillas de goma! Tanto él como Brian, otro motorista profesor de niños discapacitados oriundo de Pittsburg, han sido compañeros de alguna que otra ronda de cervezas en la terraza de la tienda. Éste último nos ofreció un par de noches un concierto de ronquidos en Do Mayor. He aquí una prueba sonora.


Concierto de ronquidos en Do Mayor

Los días que he pasado en Fairbanks he hecho un poco de todo. Me encontré en un hipermercado cercano al hostal con Jeff, camarero del restaurante de Denali, quien amablemente me acercó con su jeep a una lavandería llena de gordas frikis y en la que encontré este llamativo mural más friki todavía. Una de estas obesas -seamos políticamente correctos- de proporciones indescriptibles (no exagero nada) intentó amablemente encasquetarme a su hermana, de iguales dimensiones pero de menor edad, y yo hice la mítica escapa a la inglesa. ¡Corre forest, corre!

Finalizada la colada, acompañé a Jeff junto con dos amigas suyas a una tienda gigantesca de ropa de segunda mano en la que me compré un par de forros polares por 10 euros. El resto del tiempo lo he pasado conversando con un chico tejano profesor de español y recorriendo el solitario y feo centro de la ciudad. Durante uno de mis paseos encontré el Museo de Hielo, un viejo cine reconvertido en sala de exposiciones donde conseguí hacer una entrevista a su director, Dick Brickley y a An Zhe, escultor de hielo chino que realiza exhibiciones para los visitantes y que no entiende casi una papa de inglés. Imaginaros hacer una entrevista con un tipo que no controla inglés, con un entrevistador (osea yo) que sabe poco más; todo ello dentro de una cámara frigorífica con ventiladores de frío a todo trapo y con una temperatura de unos 5 grados bajo cero. Mi mayor reto periodístico sin duda alguna.


An Zhe esculpiendo un caracol

Mañana a las 11:00 me viene a buscar una furgoneta para llevarme a Chena Hot Springs, un balneario a unos 90 kilómetros de Fairbanks con multitud de actividades (kayak, montar a caballo, piscinas termales, perros con trineos...) y un hotel completamente construído en hielo. Aunque me encuentre muy lejos, no os olvido.


Fotos FAIRBANKS



05 julio 2006

Doctor en Alaska, un fiasco en toda regla

Muchos sois los que me habéis animado a encontrar y visitar Cicely, la ciudad en la que transcurrieron las apasionantes historias de la famosa serie protagonizada por el doctor Fleishman. Siento deciros que la magia del cine una vez más nos defrauda. Cicely no existe. Bueno, según se mire. Aquel maravilloso lugar en el que el recién licenciado doctor Joel Fleischman aterrizó para ejercer su profesión, en realidad se llama Roslyn y está en el Estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos. Para los incrédulos aquí tenéis la prueba definitiva, cortesía de Curt Cassingham.

"Northern Exposure", título original de la serie, tuvo un gran éxito en las pantallas de televisión a mediados de los 90. Joel Fleishman es un médico judío recién licenciado. Debido a una cláusula de la letra pequeña del contrato de su beca, Fleischman acaba en la remota y singular ciudad de Cicely (Alaska). Cordialmente bienvenido por el fundador de la ciudad, Maurice Minnifield, antiguo astronauta de la NASA, y por el resto de excéntricos personajes que forma el vecindario, Joel descubre que es cada vez más difícil abandonar la ciudad a la que inconscientemente ha llegado. Todo se complica por la presencia de Maggie O´Connell, alcaldesa de Cicely y piloto de la localidad, una mujer hermosa pero completamente independiente. Todo ello ambientado por el musical y filosófico programa de radio presentado por Chris en la KBHR.

"Doctor en Alaska" dejó de emitirse en España allá por febrero de 1997 después de 6 temporadas y alrededor de 110 capítulos. Sus creadores no querían defraudar a los verdaderos habitantes de Cicely/Roslyn así que nos ofrecieron algún que otro guiño oculto en la serie.


Joel y Maggie pasan delante de este mural en algún capítulo de "Doctor en Alaska"

Lo único que yo os puedo ofrecer de momento, a falta de que Roslyn no quede muy lejos de mi itinerario y pueda pasarme por allí, es que busquéis en Emule la canción de Telephunken titulada "Calor en Alaska", realizada por este músico madrileño a petición del Club de Fans de la serie en nuestro país.



03 julio 2006

Denali National Park, ALASKA. Km. 1663


A pesar de llevar en Alaska cerca de 5 días, continúa sorprendiéndome la práctica ausencia del término noche en este lugar. La noche -dejadme usar esta palabra- del jueves al viernes me desperté a las 3 de la madrugada y pude comprobar que seguía siendo de día. Antes de coger la furgoneta del hostal que nos acercaba a la entrada del parque, tomé con Fran a las 6 de la mañana un generoso desayuno con dos huevos sunny side up (que significa algo así como la cara del sol hacia arriba, uséase, un par de huevos fritos corrientes con sus yemas solares), patatas fritas, una gruesa loncha de jamón york y cantidad de tostadas. Portentosa base alimenticia para empezar un día con las pilas bien cargadas.

Una vez en el Wilderness Access Center, fui a la taquilla a ver si la suerte me sonreía y quedaban tickets para poder hacer la excursión a la misma hora que Fran a un lugar del parque llamado Fish Creek. Debí nacer con una flor en el culo porque quedaba un único pase y llegué segundos antes que un señor que venía con la misma intención. A veces se gana y a veces se pierde. Lo siento señor desconocido.

El recorrido duraba en total 6 horas con diversas paradas a lo largo del camino en las que acudir al baño y dar un corto paseo. El conductor del autobús, equipado con un micro de teleoperador y con un tic de respiración nasal tipo sorbemocos cada 5 minutos, se encargaba de amenizar el viaje con chascarrillos, información interesante sobre cada uno de los lugares y advertencias sobre los peligros de la vida salvaje del parque. Y es que este parque es único donde los haya. Prácticamente no hay senderos marcados y tienes total libertad para bajar del autobús en el momento que desees y hacer caminatas allá por donde te plazca. Eso sabiendo que por ahí perdidos hay animales peligrosos como osos Grizzlies o negros y otros bichos aparentemente apacibles pero que pueden resultar igual de letales como los alces o caribús. Esto no quiere decir que uno por ejemplo pueda acampar a sus anchas donde quiera, para ello hay reservadas zonas para las que hay que comprar un ticket, ver un video educativo sobre los peligros del parque y llevar un recipiente especial para meter la comida y que los osos no la huelan. ¡Pobre Yoggi! ¡Cómo va a conseguir sus emparedados! Menuda contradicción.


De camino a Fish Creek

Los paisajes y animales del parque eran sobrecogedores. Mientras que nuestro conductor nos soltaba una chapa de aquí te espero, el resto de pasajeros debíamos dedicarnos a buscar entre las infinitas praderas y montañas todo tipo de animales posibles: ardillas (Rubens, aquí les dicen escuirels, ¿recuerdas Pokemon?), cabras salvajes, pájaros, nutrias, alces, caribús y osos Grizzlies y negros. Cada vez que alguien veía algo debía gritar STOOOOOOOOOPP!!! y comenzaba la oportuna sesión fotográfica. Pude ver todos los animales que acabo de enumerar, algunos de ellos bastante cerca. La jornada de más de 6 horas y 202 kilómetros recorridos no podía haber sido mejor.

A las 17:30 regresamos con el empanado de Seth al hostal. Mientras ordenaba un poco mi tienda de campaña y grababa unas imágenes del lugar con la cámara de video, conocí a Wullie McLeod (pronunciado Maclaud, como un personaje de alguna serie que ahora mismo no recuerdo). Este señor de 54 años, amante del chocolate, más aún del alcohol -como posteriomente me cercioraría- es oriundo de Haines, pequeña población pesquera situada al sudeste de Alaska. Me pasé prácticamente toda la tarde conversando en inglés -reconozco que yo mismo alucinaba como podía mantener una conversación tan larga en este idioma- sobre temas diversos. Wullie alucinaba que yo fuera caucásico (vamos, más blanco que la sal) y fuera spanish. Constatemente me decía "not dark, not dark" mientras se liaba un cigarro y le daba un trago a su cerveza. Luego pasó a definirme como spanyard, término que supuestamente utilizan los yankis para diferenciarnos de los mejicanos y demás latinos. Aunque algunos crean que España está pegado a Méjico.


Wullie enseñándome a jugar el Horseshoe

Mientras Wullie se agarraba una caraja de aquí te meneo (pudo beberse entre 7 y 8 latas de cerveza), me enseñó a jugar a este juego en el que tienes que encajar herraduras de caballo que pesan un quintal en un palo metálico. Luego me mostró su pequeña habitación en un edificio situado detrás del restaurante del otro lado de la carretera en el que lava platos, me invitó a un par de sus cervezas y regresamos al río para seguir hablando durante un par de horas más sobre sus antepasados confederados en la guerra civil, su trabajo como trampero de zorros y castores, la triste situación de su novia alcohólica que vive en Haines y el gran amor que siente por estas tierras. Una dura vida que me conmovió y que espero haber alegrado por unas horas con un poco de comprensión y compañía. El día terminó compartiendo una cena a la que yo le invité mientras Wullie terminaba de ahogar las pocas palabras que su cerebro llegaba a pronunciar en su última cerveza. Sus ojos de repente se le iluminaron al verme pagar la cuenta, se levantó, me estrechó la mano y me dio un fuerte y ebrio abrazo diciéndome que nunca nadie le había invitado a nada. "Yo siempre me lo he pagado todo". Siempre hay una vez vez, Wullie.

Al día siguiente vuelta a levantarse pronto, desayuno de campeones y una nueva visita al parque durante 11 horas para llegar más lejos aún, destino a Wonder Lake, precioso lago localizado frente al McKinley a 150 kilómetros de la entrada del parque. En este lago en días de claridad la gran montaña de Norteamérica se refleja con una bella impresionante.


A orillas del río Toklat

Al regresar tuve que esperar tres horas a la furgoneta puesto que la hora de regreso eran las 21:30 y pasé uno de los peores momentos del viaje. Era tal la fátiga que tenía acumulada de todos estos días que me dio un bajón físico bastante fuerte llegando a pensar que en algunos momentos me desmayaba. Logré aguantar tumbado y escuchando música para distraerme y me metí al sobre rápidamente nada más llegar al hostal.


Fotos DENALI NATIONAL PARK



Anchorage - Denali en el Alaska Railroad


Es difícil encontrar taxi a las 7 de la mañana en una ciudad desierta y tranquila como Anchorage. La providencia estuvo de mi parte y pude llegar a tiempo a la estación del Alaska Railroad para realizar el checking de maletas. Mi tren salía a las 8:15 con rumbo al Denali National Park, situado a unos 233 kilómetros, y cuya espectacular extensión de bosque boreal y tundra acoge la montaña más alta de Norteamérica, el McKinley -conocido también como Denali- con 6.194 metros de embergadura. Alaska, palabra de la lengua aleut que significa "el gran territorio", es un lugar extrañamente acogedor. Como podéis ver en las fotos, el color verde y marrón prevalece en sus paisajes y llama la atención el permenete silencio en el ambiente tan sólo interrumpido por el ruido de las aguas de algún río aislado. Durante las 7 horas que dura el viaje dediqué mi tiempo a admirar los diferentes parajes y echar alguna que otra cabezada necesaria para recuperar parte del cansancio acumulado. El tren realiza un par de paradas en dos pequeñas localidades: Wasilla (una de las escasas poblaciones de Alaska en las que se cultivan vegetales, el resto generalmente se importan) y Talkeetna, punto de partida de aquellos osados que pretenden ascender al McKinley.



Un par de anécdotas reseñables del trayecto. Entre vagón y vagón pedí a Danny, un señor que se encontraba sacando fotos, si podía grabarme con mi videocámara para tener algún plano en el que saliese yo. Lo gracioso del momento fue que cuando la cogió me percaté de que el pobre señor tenía un acentuado tembleque. Afortunadamente, todo queda bien disimulado con el traqueteo del tren. Por otro lado, no sé muy bien por qué, el revisor me otorgó la estrella de sheriff y agente junior del Alaska Railroad. Si la memoria no me falla, creo que es la primera condecoración que me otorgan. Un buen comienzo de viaje, sí señor.

Lo más engorroso de llegar a un lugar que no conoces es la odiosa sensación de sentirte perdido como un pez fuera del agua. Tras recoger mi pesada mochila y la guitarra española que me he traído para alegrar los momentos de soledad, me dirigí al Visitor Center -Centro de Visitantes- para ver si alguien me aclaraba cómo podía llegar al hostal que previamente había reservado por teléfono desde Anchorage. Una amabilísima señora me solucionó el agobio con un par de llamadas y me metió de nuevo en la pecera en un santiamén. Tras hora y media de espera con autobús de por medio hasta el Wilderness Access Center, apareció la furgoneta del hostal conducida por un chaval de Texas llamado Seth. Para mi sorpresa, en el interior se encontraban Fran, un chico madrileño que trabaja como profesor de español en Oakland y que tras 15 días en Alaska volverá a España, y Patricia, antropóloga de la Universidad de Morelia (Méjico). No sabría muy bien cómo describir la alegría que supone poder expresarse sin trabas y con relajación en tu propio idioma. Curiosamente Seth es un tío que ha viajado con pocos más de 30 años por un montón de países, entre ellos estuvo trabajando como profesor de inglés en España. Me eché bastantes risas oyéndole imitar el acento gaditano y contarme historias de borracheras en Salamanca con una francesa y sus servicios de relaciones públicas, como él mismo lo definía, tomando día tras día miles de vinos con los abueletes de Cádiz.

Unas 12 millas al sur del parque, en el punto 224.5 de la Parks Highway cerca de Carlo Creek, se encuentra el Denali Mountain Morning Hostel. Al contrario de lo que me imaginaba, el alojamiento era fascinante. Situado en medio de un bosque junto al río, bajo dos espectaculares montañas nevadas, con varias casitas de madera, duchas limpias, tienda de comestibles y un trato amable, por unos 27$ me alquilaron una tienda de campaña -lo único disponible en ese momento- ya montada y bien dispuesta sobre una plataforma de madera. Al otro lado de la carretera, tomé una cerveza y una sabrosa hamburguesa en un coqueto restaurante mientras charlaba con Patricia sobre su trabajo, viajes y el conocimiento de uno mismo a través de ellos. Después a dormir como los Lunnis porque a la mañana siguiente tocaba probar suerte para ver si quedaban plazas libres para uno de los autobuses que se adentran en el parque y para el que Fran tenía ticket a las 7:30.


Fotos ALASKA RAILROAD